de bares y personas

Hay bares que te acogen, que dan la bienvenida a cualquiera que se acerque, bulliciosos, radiantes y soleados con sus mesitas todas iguales y sus sillas tapizadas a juego.

Existen locales que nacieron para contentar a todos, madres y borrachos, funcionarios de café rápido y parados bohemios de larga estancia. Negocios camaleónicos: cafeterías de mañana, mesón a mediodía y, bajando un tanto la luz, jazz-club al caer el sol..

Se crearon para agradar, para correr tras las modas, cambiar la decoración, travestir su esencia, mutando y copiandoe lo que otros ya hicieron, construyendo distintos nombres para las mismas tonterías de siempre, tejiendo nuevas cortinas de otro humo que no nos haga ya llorar.

Sin embargo, ni las personas ni los buenos bares debieran estar ahí para acomodarse al otro, al contrario, tendrían los clientes que buscar y encontrar su lugar, puede que un espacio oscuro y de mobililiario desconjuntado, con personalidad muchas veces áspera e ideas fijas, no siempre un sitio cómodo, casi nunca un lugar concurrido.

Todo debería basarse en la selección natural, escogiéndonos sin ofrecer concesiones, arriesgando como sólo hacen los inconscientes, lanzando propuestas y permitir que los que así lo deseen acepten el juego y traspasen la puerta, mientras el resto del mundo pasa de largo sin vernos.

Existen algunos bares (algunas personas), los menos, escondidos y sin estridencias, donde eligen (y eligen bien) la copa por ti, donde los clientes son más que amigos, hermanos. De eso deberían ir los bares, (de eso deberían ir las relaciones), de un lugar sin poses ni esquizofrénicas piruetas, de llegar a casa y no a un escaparate donde casi todo lo que te rodea está hecho de cartón piedra.

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10 pensamientos en “de bares y personas

  1. Pues si. Lamentablemente hay mucha gente que prefiere hacer lo que los demás esperan de ellos, gente que se esfuerza por agradar a los demás aunque eso signifique dejar de ser uno mismo. Los que no siguen esas directrices suelen quedarse solos o ser catalagados como “raros” o “asociales”. Yo prefiero pertenecer a este grupo, bueno no es que lo prefiera, es que lo hago sin más. Yo he conocido bares de esos de los que hablas. Bares donde me sentía como si fuese mi casa, eran un rincón donde me sentía realmente bien, donde siempre encontraba un grupo de amigas con las que compartirlo todo junto a una copa, donde encontrar miradas que andabas buscando, donde robar besos a semidesconocidos. Y que bien saben esos besos¡¡¡

  2. cuentos- normalmente dejas de ser asocial cuando por fin encuentras a otros con iguales rarezas!
    enredadass- por eso, de todo y para todos, pero si aparentar lo que no se es, que además da un trabajo!!!
    flor- eso, ley de darwin para bares, personas y de tó!

    bicos a repartir

  3. Depende del día, a veces prefiero el bar repleto de extraños, donde no te hagan preguntas, ni de dónde vienes, ni porque tienes esa cara, ni nada de estás más delgada. Sólo llegas, tomas el café y te vas, tranquila, sin importar lo que piensen de la chica que está sola en esa mesa.

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