girl on the roof

Sólo ahora, cuando me asomo a este paisaje de aleros y chimeneas corroídas, me doy cuenta de que no se puede empezar una casa por las ventanas de la rutina o las tardes de ver las nubes pasar. Se hizo ya muy tarde para los cimientos enconfrados y demasiado pronto para tiestos en que florezcan amores.

Sólo aquí, desde mi atalaya de antenas y cables al viento, descubro que la indiferencia crece en los patios de luces que huelen a pescado frito y discusiones histéricas por el zapeo emocional a la hora de la cena.

Sólo así, incómoda y harta de tanta teja suicida contenida por piedras, tonteo con la idea del funambulismo entre dos aguas y aquel cielo prometedor, con ese tobogán de la cuesta abajo sin fin y el salto al vacío que me llevará a los cubos de basura del callejón.

Sólo yo, esa que centrifuga sus ideas antes de colgarlas al sol de un tendedero sin pinzas, me siento en este tejado construído sobre un solar vacío y gasto las tardes acariciando el lomo a ese gato callejero que lleva tu nombre.

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