psicosis voluntaria

Poniendo su fe en la medicina, James Joyce llevó a su hija Lucía a una interminable sucesión de doctores, seguro de que encontraría su curación. Un médico le dio a beber agua marina. Otro prescribió inyecciones con suero de glándulas bovinas.

En 1934 se instalaron en el sanatorio que Carl Jung dirigía, cercano a Zurich. Someter a Lucía al psicoanalisis, dictaminó Jung, sería catastrófico. Para el éxito del mismo se requería un mínimo de la cordura del neurótico. Era inútil frente a la psicosis. En vez de eso, se ofreció a analizar a Joyce. La psique del padre, dijo Jung, estaba demasiado identificada con la hija como para poder aceptar que la muchacha estaba loca. Analizarse quizá le sirviese para admitir que él estaba  “psicotizándose”.

Esto, si bien es discutible, no contradecía lo que el propio Joyce había llegado a creer: que de alguna inefable manera él era responsable de la enfermedad de Lucía y debía ser castigado por ello.

Jung en sus diarios de trabajo comparó a padre e hija con dos personas que se van al fondo de un río, una de ellas cayendo sin remedio, la otra zambulléndose tras ella.

Hacia el amanecer. Michael Greenberg

 

Anuncios

2 pensamientos en “psicosis voluntaria

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s