profecías cumplidas S.L

Había un cartel roído por la lluvia sobre la puerta, del cual no podrían ni sacarse un par de letras enrevesadas por más que entornásemos los ojos. Quizá estuviese así aposta, para crear el ambiente adecuado, la decoración y atmósfera que se espera de un negocio semioculto como era el de Margot.

Ejercía de dueña, dependienta y mujer de la limpieza a un mismo tiempo, aunque nada de eso extrañaba porque parecía ser capaz de aquello y mucho más. Era una gran dama en el sentido literal del término y su trasero dominicano se cimbreaba de arriba abajo sin cesar, mientras su piel chocolate, envuelta en ropas chillonas bien surtidas de colores y abalorios cascabeleros, se empeñaba en ser la fuente de luz principal de aquella anacrónica estancia.

Por todas partes los libros formando columnas, cajas sin desembalar, montones de lo que parecían ser cartas por leer y hasta dos jaulas de bambú habitadas por el espacio que dejan los pajarillos domésticos al morir, con alpiste y plumones flotando en el ambiente. Y al fondo, en una trastienda improvisada por dos biombos bastante desafortunados, la mesa camilla.

Se hacían en aquella modesta tienda todo tipo de remedios caseros para el mal de amores, recetas para terminar con las ojerizas, olvidar a los muertos y encontrar la felicidad, pero lo que mantenía realmente vivo el negocio era lo que ocurría en torno a aquella mesa de faldones pesados.

No es que en esta ciudad fuesen más proclives al ocultismo de lo que cabría esperar de un lugar tradicional, provinciano y poco instruído, sin embargo,”La Negra Margot” fue visitada a lo largo de los años por la práctica totalidad del pueblo.

Aquella mujer, digna representante de los santeros y mensajeros en línea directa con los dioses, y a la cual no parecería extraño ver en trance o descabezando pollos en un rito afro-caribeño con falda blanca y turbante incluído; aquella mujer, en realidad, tan sólo echaba las cartas para mantener la ilusión y dejar satisfechos a sus clientes.

Lo que ella hacía no precisaba de naipes, bolas de cristal u otros chismes fabulosos. No es que viese el futuro o contactase con los  espíritus de los  muertos. Margot simplemente ayudaba a cumplir sueños. 

Miraba dentro de la gente y allí encontraba lo que les angustiaba, lo que amaban, lo que deseaban con toda su alma y después lo único que debía hacer era incentivarlo, darles la frase de aliento necesaria, el empujón que les lanzase a la vida.

El mundo está plagado de seres miedosos que anhelan una excusa que les permita despreocuparse, como si no estuviese en sus manos el decidir. Eso es lo que les proporcionaba “La negra Margot”, el convencimiento de que algo pasaría hiciesen lo que hiciesen, y eso, paradojicamente, eliminaba sus ansiedades, y entonces invitaban a aquel chico del bar a una copa, pedían el divorcio sin mediar palabra o abandonaban su monótono trabajo de oficina sin pensarlo demasiado. 

Y aunque no todo está escrito (quizá nada lo esté), ellos mismos, uno a uno, se encargaban de ir materializando sus profecías y hacer de aquella mulata dominicana de presencia imponente una pitonisa infalible, a pesar de que nunca jamás haya tenido visiones sobre el futuro.

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6 pensamientos en “profecías cumplidas S.L

  1. “Miraba dentro de la gente y allí encontraba lo que les angustiaba, lo que amaban, lo que deseaban con toda su alma y después lo único que debía hacer era incentivarlo, darles la frase de aliento necesaria, el empujón que les lanzase a la vida”.

    vale, la negra margot en realidad era blanca y paliducha; tenía un culo galaico-portugués de lo más apetitoso; había estudiado psicología y aunque le habían cateado tres veces en el examen de pir y ya no merendaba conmigo, seguía siendo mi pitonisa de cabecera porque regalaba camisetas y convencimientos y, además, era infalible.

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