venganza (cuento lost&found)

Por alguna razón que ya no recuerdo se me pasó publicarlo. Hoy lo recupero, ahí va:

Con su puñado de monedas galopando en el bolsillo, Pablo corría hacía el final de la calle. Allí estaba la panadería de doña Emilia, en donde compraba todos los días las dos barras de pan artesano que su madre le encargaba. Era una mañana especialmente calurosa para ser mediados de mayo y el sol, cercano al mediodía, brillaba con fuerza.
Por suerte, las aceras estaban salpicadas de árboles frondosos que daban un respiro a los jubilados en sus paseos matutinos y a las amas de casa cargadas con bolsas de supermercado.

Avanzaba, como siempre, mirando al suelo para evitar las baldosas sueltas, las cacas de perro y los otros muchos obstáculos habituales en aquel barrio periférico. Al llegar a la altura del buzón de correos, vio algo en el suelo. Pensó que sus ojos le engañaban porque le parecía que estaba moviéndose. Creyó al principio que era un envoltorio de magdalena, de aquellos aceitosos teñidos del marrón de la masa tostada que Emilia vendía por docenas. Al acercarse lo suficiente descubrió la verdad. Era una pequeña cría de gorrión, un polluelo sin plumas, con dos abultados puntos ciegos como proyecto de ojos y un pico más propio de una marioneta de calcetín que de un pájaro.
Sin duda, había caído del nido empujado por alguno de sus hermanos, y ahora, luchaba por seguir respirando sobre aquel adoquín de la acera, al sol y amenazado por los pasos distraídos de los peatones.
Plantado ante él, Pablo resolvió salvarlo. Buscó un lugar seguro en donde dejarle sin miedo a que fuese aplastado mientras él hacía sus recados. Fijándose bien, se podía intuir bajo la piel transparente su corazoncillo latiendo a cientos de revoluciones por minuto y hasta los espasmos que sus alas y patas sufrían rítmicamente, como vano intento de ponerse en pie. Con una hoja caída del árbol como camilla, transportó al gorrión hasta la cúspide del buzón amarillo, lugar que le pareció perfecto: a la sombra y alejado de tacones afilados y carritos de bebé.

Siguió su camino pensando un nombre para su recién adquirida mascota. Imaginó que quizás pudiese adiestrarlo como hacen con las águilas, enseñándole trucos y acrobacias de vuelo para impresionar a su grupo de amigos del bloque tres de las casas baratas. Usarlo como arma, como animal de defensa o para ahuyentar a las abejas que tanto temía. Las opciones le parecían ilimitadas.

En la tienda, y con las vueltas sobrantes, compró un par de sobaos pensando que su nuevo amigo debía llevar muchas horas sin comer nada. Con la bolsa de plástico zarandeada por las ráfagas de viento y las coces que el mismo le daba, desanduvo el camino hasta llegar al buzón.

Horrorizado, soltó la bolsa que, disparada por la inercia del movimiento, voló unos metros sobre la acera. Inmóvil, no pudo reaccionar. Una larga hilera negra se extendía y enmarañaba sobre la hoja verde de la que aún sobresalían los bordes que dejaba libres la marabunta furiosa. Un ejército de hormigas plagaba el cuerpecillo del gorrión y lo devoraba lentamente.
Pablo pensó algún modo rápido de deshacerse de ellas, pero por más que ordenó a sus piernas moverse, éstas se negaron. Sólo pudo quedarse allí, viendo como el ejército de insectos acababa con el polluelo.
Llegó a casa tarde, con las barras de pan golpeadas y un par de sobaos maltrechos. Su madre, aunque tentada de preguntarle, no se atrevió a hacerlo tras observar la mirada perdida del niño y su expresión de ira contenida.

Tomó aquella noche una resolución. Se vengaría. Acabaría con aquellas desalmadas hormigas. Desde entonces, y cada tarde tras la merienda, robaba un pedazo de pan de la bolsa de la cocina. Corría escaleras abajo y por toda la calle hasta llegar al descampado tras la urbanización. Allí esparcía su lluvia de migas. Después esperaba.

Esperaba la llegada de una exploradora, y después, el de todo un grupo que no dejaba de crecer. Pero no las mataba entonces, sería demasiado fácil. Las seguía hasta su guarida, hasta el lugar donde se escondía aquella plaga infernal que había terminado con su pequeño pájaro. Era allí donde comenzaba a pisar, a escarbar con las suelas de sus botas hasta dejar al aire los pasadizos del inmenso hormiguero. No era un trabajo fácil, pero él tenía paciencia, paciencia y mucho tiempo para emplear en ello.

Con los días y la práctica ideó otros modos, técnicas distintas y más eficaces, desde las inundaciones por orina hasta incendios masivos a base de papel de periódico, siempre con la precaución bien estudiada de alejarse para evitar picaduras innecesarias de aquellas bastardas.
Era una lucha desigual, pues él era uno y ellas miles, y sin embargo, con el paso de los días fueron menguando, hasta que, llegada una tarde del mes de octubre, no encontró ninguna en el descampado.
Satisfecho y sonriente se alejó, contento por haber vengado el ataque a traición a aquel gorrión sin plumas que iba a ser su aliado y que por su culpa jamás llegó a volar.

A sus cortos ocho años había vencido a un grandioso ejército, doblegando a sus organizadas tropas. Sólo un par de años más tarde alguien le comentó, en una clase de ciencias, algo sobre la hibernación y letargo de los insectos durante el frío inverno. Para entonces ya casi no recordaba aquel verano teñido de venganzas.

Anuncios

2 pensamientos en “venganza (cuento lost&found)

  1. estupenda historia. Mejor que no recordase nada. Cuando llegue a adulto vivirá historias parecidas y, muchas veces, pensará que se ha vengado para luego la realidad darle de bruces en la cara y descubrir que, al igual que no vencíó a aquellas hormigas, tampoco ha vencido a la vida. Bueno, solo en algunas ocasiones. Esto es un toma y daca. Besos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s