suicida

Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera.

Juan Ramón Jiménez

Me sorprendo a veces conduciendo a velocidades infernales por carreteras de doble sentido, demasiado deprisa para pensar y escasamente dotada para gobernar la máquina. Y hay días en que me veo adelantando camiones en línea continua, con ese sol de otoño cegándome, haciendo que esboce una sonrisa mientras pienso que esta sería una buena forma de morir, cálidamente abrazada por los bajos de un remolque, acariciada por los bordes metálicos de una defensa cualquiera.

Alguna curva repleta de flores me recuerda a todos esos conductores suicidas que sortearon la fila única de hormigas obreras camino a casa, escapando de su destino, de los caminos trazados y las cabinas de peaje. Y no me parece mala idea, me resulta tan lógico como el seguir respirando este aire viciado.

Después, y cuando ya acaricio con los dedos el acelerador y tonteo con la idea de saltarme el próximo paso a nivel; entonces, la sirena punzante de una ambulancia rompe mi burbuja de autodestrucción. Me hago a un lado como el resto del tráfico, y me pregunto, con el estómago encogido, que cosa horrible habrá sucedido en el kilómetro doscientos siete.

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9 pensamientos en “suicida

  1. Anda anda, no me seas ahora fundamentalista de las buenas intenciones y la ausencia de ideas locas. Todo el mundo lo ha pensado, joer, pensarlo un milisegundo, pero ni siquiera en serio, ¡estúpido!

    Y que sepas que si no lo has hecho con el coche, seguro que has sostenido un cuchillo jamonero en la mano y has tenido el flash de ponerte a jugar a los samurais con tu familia o el filetearte el brazo para la cena.

    Joer, eso se piensa y es normal, no tiene que ver con ser un suicida o un asesino, son ideas de esas morbosas de los que vemos cine de terror, pero no planeamos por eso salir con una motosierra por el vecindario.

    bicos

  2. pues yo ya pasé esa etapa. Ahora ya no pienso en esas cosas, en realidad ahora ya no pienso, jajajaj. Vale, si pienso, pero pienso de otra manera. Ahora todo lo veo con más distancia y mucha más sorna, y desde luego con mucho, pero que mucho cinismo. Ahora todo lo miro a través de un cristal y no dejo de encontrarle la gracia. Es que en el fondo todo es de un absurdo que tira de espaldas. No se, a veces creo que somos una puta película de Woody Allen. Solo espero que al final pueda descubrir que yo soy Diane Keaton. Siempre quise ser como Diane Keaton.

  3. Son pensamientos que nos chiva algun diablillo, seguro…

    Tengo mis doce, que soy muy obediente y hago caso de las normas, ¿o que concepto tienes de mí? 🙂

    bicos

    PD: que gustazo ver al tigre de trapo por aquí…

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