corte y confección


Un par de centímetros en la sisa. Tres dedos de dobladillo. Pinzas algo más amplias para permitir un escote más bajo. Fijar el forro a las costuras y cuidar los detalles.

Cambiar el color de la canilla, enhebrar sacando la lengua y con guiños alternantes en los ojos. Tracatrá del pedal, chucuchú de un convoy de hilos enredados. Levantar el pie, frenar y cortar por lo sano. Volver todo del revés, sacudirse decenas de pelusas y despertar, estirar los brazos y recomponerse. Probar como sienta esa nueva piel, mirarse en un espejo y reconocerse en las sombras proyectadas en cada pared.

Investigar unos bolsillos recién paridos, calzarse alas de mariposa, saltar de baldosa en baldosa y calarse el sombrero de paja sin ahorrar una sonrisa.

Tan sencillo como elegir un patrón, marcarlo con tiza y unir por la línea de puntos.

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6 pensamientos en “corte y confección

  1. Ufff, suena tan sencillo leído así de tus palabras. Yo nunca supe coser, hasta los botones me quedan fatal. Ojalá esos patrones de los que hablas y que suenan tan fáciles de hacer se pudiesen aplicar a la vida y a los problemas. Lo malo es que la vida se me da igual de mal que los botones. Besos

  2. con la vida pasa como con el coser, que uno pone el patrón, en papel, perfectamente medido, lo marca, lo corta, lo cose y le parece perfecto. Hasta que se lo prueba y ve que le va mal de largo, o que quizás por culpa del tejido la pieza hace un extraño o no acaba de cuadrar. Imprevistos, lo que tiene la vida, ese margen para el azar…

    bicos

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