maría maravillas

Era una sombra negra en una terraza blanca, moviéndose al compás de un diapasón imaginario, tip tap, regando los geranios, tip tap, barriendo la escalera, tip tap, recitando coplillas, tip tap, espantando a los gatos de la casa, tip tap, cantando Lela al oído de cualquiera, tip tap.

Las tardes se le iban lentas, sentada en una silla de jardín y con el periódico tiñéndole las manos. Hacía el crucigrama completo sin gafas y, cuando se le atragantaba la tres vertical, se removía inquieta en la silla hasta que, sin mediar palabra, se tiraba un pedo y así caía en cuál era la respuesta adecuada.
Y entonces, el silencio se nos volvía denso, propio de todo niño bien educado y de esos mayores demasiado mayores como para cumplir con las estúpidas leyes de urbanidad y pedir disculpas por ello. Hasta que no podía más, y soltaba una de sus carcajadas ahogada en las cuerdas vocales, una risilla envuelta en flema y la naturalidad de quien se sabe por encima de todas las censuras posibles.

Aunque había perdido más hijos que dientes, sonreía sin descanso, exhibiendo aquel canino solitario en su boca llena de ausencias. En las manos ya no permanecía siquiera la marca delatora de una alianza perdida, ni rastro de los callos y dolores por el trabajo en el campo o unas cicatrices señalando el lugar por donde un día brotó la sangre.
Habían pasado varias décadas desde su última lágrima y sólo usaba el pañuelo cuando se le escapaba un poco del yogur de la merienda por la comisura. “Nada es para tanto”, se cansaba de decir, con aquellos ojos de ratoncillo envueltos en pliegues y pliegues de un cutis irisado.

Su cuerpo de superviviente le pedía constante movimiento, y con aquel traqueteo se paseaba por la casa, tip tap, rondaba la terraza, tip tap, revolucionaba los grifos de baño, tip tap, paladeaba la compota de manzana, tip tap, se saltaba dos misterios del rosario, tip tap, escondía fresas maduras en el delantal, tip tap.

Y así, tip tap, paseniño (despacito), como ella decía, se fue apagando María Maravillas.

Sin hacer demasiado ruído, tip tap, sin dejar de tararear, tip tap.

Y ésta es la canción que solía repasar, ya fuese en alto o cuando simulaba rezar un padrenuestro para contentar a sus devotas hijas.
Hoy me he acordado, escuchándola, aunque ella la solía cantar cambiando la melodía, a mil revoluciones por minuto, o reordenando las estrofas a su gusto. Versiones, que le llaman…

Anuncios

2 pensamientos en “maría maravillas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s