trenes perdidos

Llegué a la estación corriendo, como siempre despeinada y sin aliento. Sólo una taquilla abierta y más de treinta los que formamos cola. Armándome de paciencia me coloco detrás de una maleta roja con pinta de haber vivido demasiadas jornadas bajo la lluvia.

Serpentea de tal modo la fila que, estando a sólo un par de metros del mostrador, me encuentro a diez minutos de conseguir mi billete a casa. Por culpa de la carrera para llegar a tiempo ahora siento que me arde la cara, aunque sé por experiencia que como mucho tendré las orejas y la punta de la nariz coloradas. Fijo la vista en una gran telaraña polvorienta suspendida a más de cinco metros del suelo, colgando del techo abovedado. Mientras, intento recolocar los mechones de mi pelo de modo que simulen estar peinados en perfecta armonía.
– vente – me dice la maleta roja.
– ¿qué? – alucinada, vuelvo a la realidad.
– mira, – habla el dueño de la maleta, por supuesto- el tipo de la taquilla acaba de quitarse las gafas, cuando hace eso es porque va a cerrar. Son casi las ocho y media, hay cambio de turno antes de y media. Ahora le toca a una mujer rubia que siempre lleva las uñas tan largas que no consigue hacerse con las monedas pequeñas. Esa trabaja en la taquilla tres, vente si quieres coger billete que son y veinticinco, no quedan más de tres minutos para que llegue el r-598.

Me quedo perpleja mirando alternativamente al otro lado de la mampara y a mi interlocutor. Le conozco de vista. Posiblemente hayamos coincidido varias docenas de veces en el tren a lo largo de los años. Está claro que él me reconoce también y sabe que vamos en la misma dirección.

– si que tienes estudiado esto de los funcionarios de renfe…
– son muchos años de hacer colas y perder trenes por no saber, voy aprendiendo. Atenta, ahora cuando te diga te pasas a la otra ventanilla.
– aún está cerrada y no veo a la rubia, ¿cómo me voy a pasar?
– tú ve, que ella está al caer, ha ido a por una cocacola a la cafetería y viene ya, cuando pase a nuestro lado nos lanzamos. Sé lo que digo, venga…

Arrugo la nariz dudando y en ese momento se cruza en mi campo de visión una mujer de pelo teñido, con uñas escandalosamente largas y una lata de refresco. Camina hacia la zona de mostradores. Analizo la situación: si me quedo en esta cola pierdo el tren, hay demasiados jubilados delante de mí como para que puedan despacharlos en dos minutos.
Se enciende la luz fluorescente del cubículo tres. Con el primer parpadeo la maleta roja se mueve, y yo, como encadenada a ella, voy detrás. Primero y segundo de la fila, cuando se ilumina el letrero anunciando el próximo cierre de la taquilla cinco y la apertura de la tres nosotros ya estamos situados en el lugar adecuado. El resto de la manada de viajeros murmura y se lamenta mientras juegan a recolocarse tratando de, al menos, no perder posiciones en la fila.

Conseguido mi billete me dirijo al andén tras mi cómplice en la conspiración. Me ajusto las manoplas antes de salir del paso subterráneo entrevías y eso me hace perderle de vista. Después de eso se esfuma y sólo llegaré a intuir una esquina de su maleta raída en el área comercial de mi estación de destino.

Anuncios

20 pensamientos en “trenes perdidos

  1. valeeee…. tendré cuidado con mis títulos.
    No pongas youtube, no, que me estoy temiendo la canción del tren de El Consorcio; la de “al compás del chacacha, del chacacha del tren, que gusto da viajar cuando se va en expréss…” (sí, me sé la letra, imperdonable)
    😀

  2. No me resisto….

    “O tren que me leva pola beira do Miño,
    me leva e me leva polo meu camiño.
    O tren vai andando pasiño a pasiño
    e vaime levando cara o meu destiño.

    Alguen pode ser que me espere na estación,
    na terra da felicidad.
    E todo o que sexa amor e paz
    o atopareí eu o tereí
    ca miña moza no meu lar.

    O tren que me leva camiña e camiña,
    vai votando fume, corre pola via.
    O rio vai feito un mar de ledicias.
    No tren pouco a pouco volto a miña Galicia.

    Pasei moito tempo sen lar, lonxe de eiqui;
    foron mil noites cheas de soedá;
    Falando ca xente polas mañás
    escoitarei e saberei
    o que pasou polo meu lar.”

  3. Ya nos contarás si hay reencuentro con la maleta roja… Parecíais mafiosos, sobre todo él. Qué de cosas tienen los trenes, eh? Tú lo dices: “Alguen pode ser que me espere na estación, na terra da felicidad”. Me alegro mucho de volver a pasar por aquí y ver que esto, como el tren, marcha. Un besin.

  4. poedía- es además una canción que es casi obligado cantar cada vez más rápido, hasta que al final se te atropellen las palabras…

    mebajo- desde luego, pero todos destinos a los que se pueda llegar en tren, claro jejeje

    bicos

  5. de pequeña tenía un sueño repetitivo sobre los trenes, mi madre con mis hermanas/o estaba subida en el vagón y el tren ya se estaba poniendo en marcha, yo corría por el andén para intentar subir, durante mucho tiempo me despertaba, angustiada, hasta que hubo un día en el que me subí
    petonets

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s