señales

Ya instalada en mi pequeño búnker compostelano, con mis horarios de gallina clueca que se retira con el sol me voy haciendo a lo que serán unas semanas de rutinas y subrayados en exclusiva. Doy vueltas entre las cuatro paredes, estudiando cada imperfección de la pintura, alguna pequeña falla por la que pudiese colarse una mínima distracción: la ensoñación en forma de tintineo de campanas, jilgueros cantores o tarareos vagos de un ama de casa. Por el contrario, la linealidad me persigue hasta teñirme de gris marengo las rodillas, desconfirma mis teorías y me borra las previsiones y todo el cansancio con una ducha de poder amnésico.
Parece que llevo aquí toda la vida, unos cien años encerrada en este lugar, en mi cuerpo entumecido por culpa de una nueva cama, entre los miedos desmesuradamente insignificantes y varias esperanzas temblonas que asoman la cabeza tras la puerta del armario.
En la memoria de las manos registro los interruptores, las tablas delatoras de mis pasos y el lugar exacto en que abandoné los paraguas al descubrir un nuevo día (otro más) de este noviembre radiante. Tropiezan mis dedos en su inspección con un libro olvidado sobre el buró del dormitorio. En su cubierta una mujer, enlutada y con aspecto triste, dormita en el rincón de un cuarto ajedrezado.

Al hojear sus pliegos amarillentos, repletos de olores antiguos que mezclan polvo, humedad y sudores pertenecientes a lectores pasados de manos acuosas, encuentro una marca a la altura de la página 130, un pequeño asterisco.

La mirada se dirige automáticamente a un párrafo que habla de reencuentros, palabras sobrantes y pasiones fatuas. Remata con el estallido de mil batallas nocturnas, prolongadas hasta el amanecer bajo un mosquitero, en que los contendientes, tía y sobrino, ahogan sus deseos y súplicas.

Se cierra la página con este párrafo:

No había dejado de desearla un solo instante. La encontraba en los oscuros dormitorios de los pueblos vencidos, sobre todo los más abyectos, y la materializaba en el tufo de la sangre seca en las vendas de los heridos, en el pavor instantáneo del peligro de muerte, a toda hora y en todas partes. Había huido de ella tratando de aniquilar su recuerdo no sólo con la distancia, sino con un encarnizamiento aturdido que sus compañeros de armas calificaban de temeridad, pero mientras más revolcaba su imagen en el muladar de la guerra, más la guerra se parecía a Amaranta.
Así padeció el exilio, buscando la manera de matarla con su propia muerte, hasta que le oyó contar a alguien el viejo cuento del hombre que se casó con una tía que además era su prima, y cuyo hijo terminó siendo el abuelo de si mismo.

Puede que sea algún tipo de señal para mí (al menos para que tome notas y lo use como referente), a pesar de que no tenga pensado cruzar las ciénagas en busca del mar, aunque no planeé quedarme un siglo en esta nueva y recién estrenada soledad…

PD: prometo no irme del todo, a pesar de que las wifi juegan al escondite conmigo (y se les da muy bien).

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11 pensamientos en “señales

  1. Cuando me veo obligada a permanecer en un rincón oscuro que no tiene nada de escondite y mucho de esquina de castigo, cuando lo rancio carece por completo de encanto y es inesquivable, lo único que se me ocurre para que me pese menos es pensar que estoy de paso, y trato de imaginar cómo lo recordaré dentro de mucho si mi memoria me ayuda inventándose un par de puntos de luz mágicos para redecorar el recuerdo y hacer que no huela tan mal.
    Bicos e sorte coa redecoración, ainda que fixo que saberás darlle ao teu talento un bo uso neste senso.

  2. cuando vuelves?…entiendo que la otra habitación sea verde, será para mantener la esperanza y no dedicarte a buscar pelusillas en los miles de cajones del buró…jeje. Se me hace eterno esperar para marcharme a comer naranjas!

  3. sansar- ehh,tuuuuuu y lo mio?? para cuando llegará?????

    honey- suerte y rotuladores fluorescentes!!!

    nick- saldremos, lo conseguiré!!!

    milady- nada de decorar, todo todo todo é estudio, e penso recordalo dende a distancia e a ledicia que da o ter feito o que debo….

    mebajo- por veces quiero que sea poco tiempo, en otros quiero que sea laaaaargo y me de tiempo a estudiarmelo tooooodo… ayy

    carpediem- mejor vente tú, que hasta las naranjas aún quedan meses…

    bicos repartidos desde una wifi comunitaria de bar….

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