vía muerta

Era imposible descansar bien estando tan cerca de las vías. Podía escucharse cada convoy, desde el nocturno Madrid-Hendaya a las interminables orugas repletas de coches sin matricular camino de Francia. El traqueteo en los cambios de agujas, los chirridos de los frenos manuales al acercarse a los andenes y hasta algún grito del jefe de estación dando vía libre al estrella Vigo-A Coruña-Barcelona para reanudar la marcha.

Dormían, eso es cierto. Cerraban los ojos y se forzaban a soñar alguna cosa disparatada. En cierto modo esos eran los mejores sueños, ya que podían controlarse a placer. Fantaseaban en un duermevela colectivo con tomar aquellos trenes sin preguntar la dirección, dejando que les sorprendiese el destino de esas vías más allá de la estación-empalme.

Era aquel un suburbio sin ciudad, un extrarradio de ninguna parte en el que las personas se dedicaban a pasear sin mayor ocupación que la de ser espectadores de la vida de quien viaja a bordo de un talgo dotado de coche restaurante.
Fruto de un florecimiento económico ilusorio, su prosperidad acabó con aquello que en los telediarios llamaron reconversión y los trabajadores estafa y robo.

Quizás por todo eso nadie se quejaba del ruido nocturno. La somnolencia ayudaba a sobrellevar las jornadas interminables de los que no tenían demasiado que hacer. El velo onírico de los insomnes tamizaba el paisaje urbano salpicado de naves industriales vacías, antiguos talleres de renfe colonizados por las ratas y hordas de prejubilados que mataban el tiempo en juegos de cartas, juramentos y alcohol.

El nudo ferroviario se erigía como punto de partida y paso de todas las calles, inserto en el plano callejero como si de una avenida más se tratase. Ni un solo paso elevado, túnel o muro se interponía, nada que permitiese obviar la razón del crecimiento pasado y la actual depresión general.

Esto cambió con la llegada de los noventa. Se instalaron vallas, se hizo subterráneo gran parte del recorrido y se colocaron gigantescos paneles amortiguadores del sonido.
Trató así la ciudad de dar la espalda a aquellos días en que fueron una próspera localidad apodada “la villa del tren”. Pensaban que sepultando aquel recordatorio de un futuro que no fue podrían soportar mejor su realidad.

Tan sólo una pasarela peatonal de hierro forjado sobre las vías dos y tres quedó como reducto para los nostálgicos, quienes malgastaban las horas hipnotizados por el ir y venir de trenes que ya nunca paraban allí.

Es ese lugar desde el que algunos decidieron lanzarse al vacío, reconfortados en su vuelo por el rechinar de una locomotora frenando al aproximarse a la estación, tal como lo hacía antaño.

Anuncios

5 pensamientos en “vía muerta

  1. Lo dicho, sabes sacarle suspense a una descripción y girar en el último suspiro o frase. Juego estático que detiene el vuelo de un suicida, la frenada de un tren y las ilusiones de una ciudad venida a menos. Jubilados, vallas, subterráneos y paneles. En realidad, la industrialización y la reconversión se han novelado poco. ¿Es esto parte de un proyecto mayor? ¡Adelante!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s