Incubación

Siendo un estímulo (de carácter biológico) de la fuerza e intensidad suficiente para excitar al animal (sujeto experimental), y presentándolo con la brevedad adecuada, su reacción irá en aumento progresivo.
Se hace imposible adaptarse al estímulo debido al reducido espacio de tiempo en que se encuentra presente, y tampoco es factible que pase desapercibido por lo distintivo y llamativo que resulta para el sujeto.
De esta forma, y con el paso de los ensayos, la respuesta se afianza e incrementa, aún cuando lo esperable sería que disminuyese debido a la brevedad del mismo.
La razón de ese aumento paradójico es que la reacción se incuba, de tal modo que se acumula hasta alcanzar proporciones difícilmente asumibles por el individuo.

Este proceso explica como, cuanto más se evita un evento, mayor es la respuesta en su (corta) presencia, hasta el punto de amenazar con colapsar al individuo si no huye.

H. J. Eysenck. Teoría de la incubación de la ansiedad fóbica.

– Es un puñetero lío entender esto. Es mi párrafo maldito.
– Yo es que hago interpretaciones libres de lo que dicen los libros. Te cuento mi explicación si quieres, pero no aseguro que valga para ti.
– Más no me vas a liar, venga, cuéntame.
– Pues mira, mi ejemplo va de tartas.
– ¿tartas?
– Tartas. Si quieres lo hacemos con el viejo ejemplo de las serpientes…
– noooo, va, ¿qué les pasa a las tartas?
– mira, tú estás a dieta. Hay una pastelería por la que pasas cada día que tiene en el escaparate unas tartas de chocolate de primera. Como no soportas verlas, porque sabes que caerías si las mirases más de un segundo, cambias de acera, evitándolas. Eso no impide que siempre las intuyas por el rabillo del ojo o que puedas oler desde la otra acera el chocolate. ¿me estoy explicando?
– sí, vale..
– Pues con el paso del tiempo la cosa se complica y se te hace más difícil ese tramo de acera, el aroma, el saber que están ahí pero no debes entrar a comprar ninguna. Al final terminas por dar un rodeo para ir a trabajar, porque no te ves capaz de resistirte. Lo que ocurre es que esas pequeñas dosis en forma de olor, o de visión furtiva, se han hecho fuertes por lo que representan, por el dulce que sabes que está al otro lado del cristal pero no es para ti. Vamos, que tus ganas de tarta están disparadas porque de tanto evitarlas no te ves ya capaz ni de pasar por esa calle sin asaltar al pastelero y comerte todo lo que tiene en su tienda.
– jajajajaajaja… así que tienes más ganas porque no está disponible ¿no?
– exacto. Dicho de andar por casa, aumenta el deseo/miedo/hambre porque las pequeñas dosis se hacen más poderosas de lo que nunca serían si cayeses/te enfrentases/probases eso que tanto evitas.
– Vale, ahora lo capto, es que con lo de la serpiente no lo veia, pero lo de las tartas está bien pensado… ¿es que estás a dieta?
– jajajajaja… algo así

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15 pensamientos en “Incubación

  1. He intentado leer el principio y decididamente he leído el final y sí que es verdad que después no cuesta nada entender el principio…¿o era el final?? :DDD
    Tengo este año “Las caras de la memoria” pensé que estaría entretenida pero me he encontrado con un libraco técnico a más no poder de investigación experimental,, ¡¡un bodrio!!
    Muchos besos

  2. m- las materias tan tan tan teóricas se hacen un tostón, la única forma de entender es por medio de ejemplos. Eysenck es de los grandes, pero su lenguaje científico y aséptico es complicado.
    Libros sobre memoria que estén bien, el Ruiz Vargas es entendible, pero ameno… me quedo con visiones globales de psicología cognitiva, que resultan más entretenidos. 🙂

    laluz- será por ejemplos….

    solounpoco- no creas, si el pollo resulta ser una fobia de tomo y lomo, o un atracón de tartas de proporciones monstruosas no sería tan bonito.

    bicos repartidos

  3. igual lo he entendido mal, sita, pero en el fragmento habla sobre un antideseo, es decir, el sujeto fóbico cada vez necesita de menos tiempo expuesto al agente fóbico para desarrollar una respuesta ansiosa, hasta que llega un punto que con el mero hecho de imaginarlo, desarrolla dicha respuesta. Creo que el final de este ovillo está el miedo al miedo, lo que suele producir un sujeto agorafóbico.
    Lo de las tartas (como yo lo veo, ojo) es el efecto contrario. El sujeto desea el objeto (o contexto) y, al no poder obtenerlo, le produce un aumento de ese deseo hasta hacerlo incontrolable.
    Supongo que el mecanismo es el mismo, lo único que en uno subes la escalera y en el otro la bajas.
    Si no fuera así, hagame el favor de explicarmelo, guapa 😉
    bss

  4. mierda.. qué buen paciente eres!!!!!
    te pongo dos positivos en tu cartilla de notas. Miedo al miedo dice, ¿no habrás copiado? 😛

    Nada que añadir, punto por punto, per-fec-to. Es un ejemplo al contrario, pero sirve de igual modo, y para los que no tenemos fobias es más cotidiano y fácil de entender. A no ser que sean superpacientes como tú…

    bicos

  5. ¿Entonces debo enfrenterme a mi miedo/fobia/horror/pánico/terror a los perros? ¿Tengo que adoptar uno? ¿Tengo que acariciarlos por la calle? ¿No debo cambiar de acero cuándo los veo? ¡¡¡Dios!!! ¡Qué difícil! Para mí es imposible.

  6. Uf, me ha encantado… No sé porqué me reconforta tanto leer como “normales” o habituales o simplemente estudiadas y explicadas cosas que, cuando me pasan a mí, me parece que estoy torcida. No sé, da como un alivio entenderlo y explicártelo. Impresionante lo de Sansar. Decididamente, la psicología me parece lo más interesante del mundo. Una especie de sabiduría concretada en el ser humano. Chapeau. Besotes. Y gracias…!

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