Nido vacío

Rosa hoy no dormirá. Mañana puede que tampoco lo consiga. Ha pasado el día entre suspiros y ojeadas a su móvil en busca de una llamada que no llega. Ocupada y preocupada en decenas de tareas domésticas; en hornear bizcochos, limpiar la nevera y hasta solucionar los problemas de ventilación del extractor de humos.
Prepara una cafetera que pone al fuego sin agua en el depósito; la jarra de leche que calienta en el microondas se desborda y el fondo del plato giratorio se ve inundado. Repite ambas operaciones sin prestar más atención de la necesaria para las tareas rutinarias y sin importancia.
Se sienta a la mesa con una taza humeante entre las manos. Ha dejado de tomar cafeína porque dice que está nerviosa; mientras juguetea con la bolsita de menta poleo remojada en agua caliente, mira al infinito y piensa en Berto.
Con el borboteo del café se levanta en silencio.
Sirve las tazas sin preguntar cuando parar y coloca un azucarero vacío en la mesa. No hay una sola cucharilla a la vista y, cuando las pone, resultan ser las de postre, monstruosamente grandes para sus pocillos de porcelana blanca.

La conversación le es ajena. Está lejos, en algún coche sin aire acondicionado que viaja a través de la península con las ventanillas bajadas. Se encuentra revisando una lista mental de enseres: cepillos de dientes, maquinillas de afeitar, toallas de rizo, pijamas de franela y píldoras contra la migraña.

Empeñada en memorizar sus cinco cifras, esas con las que marcó sus calcetines en la planta, las camisetas en los bajos y todos los calzoncillos en la cintura. El dichoso número que a partir de mañana se convertirá en nombre e identidad para quien ella llamaba “su niño”.

Suena el teléfono. Se abalanza sobre él.
– sí?
– …
– todo bien… ¿qué tal el viaje?
– …
– mejor así, ahora descansa y come algo.
– …
– acuéstate pronto, y mañana llegad temprano a la academia, antes de la hora. Sí quieres te llamo a las siete para despertarte…
– …
– ya sé, sé que eres mayor, que sabrás arreglarte.
– …
– llama cuando quieras, mañana, o dentro de un rato, o…
– …
– Está bien, hasta mañana. Bicos, Berto… y… hijo, cuídate mucho.

Ensimismada, se vuelve a sentar.

Cuando una madre no puede hacer nada más, sólo le queda preocuparse.

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12 pensamientos en “Nido vacío

  1. Ahora que soy mami, entiendo mucho mejor a la mía.
    Me voy poniendo al día , estas vacances me he leido 2 libros y me han encantado, y hoy ,al volver, os voy leyendo , primero a Laluz, después a ti, y lo estoy disfrutando.
    petonets

  2. Qué me vais a contar…Ahora dice mi hijo Quim que se va vivir a Irlanda¡¡¡¡La situación que se crea es una mierda: Si tratas de hacerle desistir eres una madraza que no apoyas la evolución de tu propia prole y un egoista que sólo piensa en su tranquilidad emocional….Si le aplaudes la idea…se va¡¡
    Madres….y padres¡¡¡

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