ventriloquia

Siempre aguardando algo, reservándote, como las hormigas: para el invierno, para la época de escasez, para el frío polar que ha de llegar. Porque si te confías y te abres por completo te robarán el alma; siempre entendiendo intimidad como un sinónimo de herida de muerte, de algo que a la larga duele.
Con tus cartas escondidas en la manga, ocultando datos, nombres, lugares y referencias geográficas y bibliográficas. A diario en misión secreta, alma de sombra esquiva, de miradas maliciosas y caricias escudriñadoras.
Parece que te ríes de todos, que juegas y disfrutas con los regates; en realidad estás sorteando golpes, lances y frases que tratarás de teñir de levedad, desviarlas de tí mediante un malabarismo tramposo de espejos, de reflejos cóncavos y convexos que no te afecten al no referirse a tu realidad concreta.
Tenías miedo de lo malo, miedo de lo bueno, de la vida, de la muerte, de que te quieran en exclusiva, de que te dejen en alguna esquina, de que te olviden y aún más de que te atrapen. Terror a la cercanía, a los otros, a ti misma, a los sentimientos, los pensamientos, las horas de la siesta y las irrefrenables ganas de dejarlo todo y huir.
Miedo palpitante, visceral, del que no puedes deshacerte por más que te obligues a avanzar, por más que te des la mano y te la estreches fuerte para darte confianza al caminar.

Y ahora, ahora que querrías no tener extendido ante ti un campo lleno de trampas, que darías todo por hacer que desapareciesen las figuras de cera con que jugabas, los títeres que desvían la atención de los transeuntes; ahora ves que todo se reduce a un inmenso miedo al miedo, a un deseo absoluto de ser tú, de derribar los maniquíes y borrar los maquillajes.

Te tortura la certeza de saber que eres más tú misma cuando te disfrazas, cuando adoptas otro nombre que sirve de excusa para poder gritar en alto, como un buen parapeto o un muñeco de ventrílocuo al que utilizar para diluir tu responsabilidad.
Seudónimos que se superponen, etiquetas con nombres posibles, con tu propia identidad al servicio de otro yo, de un impostor, un sosia que se parece a tí pero no eres tú, alguien que te protege de los demás, de las heridas que se hace la gente al relacionarse, de lo que ocurre al amarse unos a otros.
Persona que eres sin serlo del todo, esa que se interpone entre tu carácter sin cortapisas y tu yo diario; con la que deseas intercambiar papeles para que por fin nombre y esencia se correspondan, para deshacerte de todos los alter ego, de las excusatio non petita, de las accusatio manifesta…



De las posibles personas que no fui, que no soy, y que a veces imposto y uso como coraza…

Anuncios

8 pensamientos en “ventriloquia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s