reajuste de personajes (apretando tuercas)

Me empeñaba en pintar una historia llena de soles y cantos de pájaro, de torbellinos, de gente que entra por una puerta y salta por una ventana. De alegrías forzadas y un costumbrismo que no me resulta cómodo, que era falso como la mayoría de mis poses protectoras.

Caigo entonces en la cuenta; Ernesto malvive en un piso de esos con ventanas y contras de madera blanca, pasillos oscuros, olor a polvo y frío, a humedades y rutinas en espiral. Asfixiándose en alcanfor e insecticida. Me empeñaba en hacer de él un intelectual de los sellos, cuando brotaban a mi alrededor plantas prensadas y clasificadas en hojas de libreta, en forma de archivadores inmensos.
Quería hablar de sus perros estúpidos, pero en realidad es un gato lastimero de pelo ajado y cojera perpetua. Nada de amores incondicionales sin sentido, relaciones por interés mútuo, en eterno equilibrio.
Deseaba que Alfonso estuviese vivo para darme y darles soluciones fáciles a los problemas difíciles, universales y sin sentido que todos los demás se plantean. La verdad es que está muerto desde un principio, y lo máximo que me legará son anotaciones hechas en servilletas manchadas de aceite con olor a calamares. Retazos inconexos a través de los cuales tratar de entenderlo.
Cata iba a ser fuerte, a decidirse sin dudar, lanzándose al vacío; pero en el fondo de sus ojos he visto que no, que se ha dejado ir toda la vida y da bandazos, que lo que le ocurre es por accidente y no una decisión meditada y consciente. Es un montón de ideas y de miedos escondidos tras una buena capa de falsa seguridad.

Quería personajes como piedras, resistentes y con prioridades claras; pero salen de mí, nacen en mis dedos y no puedo engañarme y distorsionarlos más.
Siendo monolíticos me resultan mentirosos, odiosos y simples. En realidad, todos ellos, poliédricos, están desorientados y coloreados en tonos grises; arrastran los pies y dejan pasar los días sin ser conscientes del todo de si mismos y la realidad externa. Son mucho más cobardes, más indecisos, más solitarios y anodinos de lo que me (les) gustaría admitir.
Clasificadores del mundo en diferentes modalidades; analíticos y coleccionistas de fruslerías, diseccionando plantas, personas o palabras para no enfrentarse a la vida.
Nacen de mí, y en parte, son como yo. A todos nos vendrá bien un reajuste, un ejercicio de sinceridad y miserias, hacernos un atlas interno que nos ayude a comprender lo que somos y lo que (con suerte) seremos.

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9 pensamientos en “reajuste de personajes (apretando tuercas)

  1. “hacernos un atlas interno que nos ayude a comprender lo que somos y lo que (con suerte) seremos”
    los sabios tardan una vida entera en hacerlo. No tengas prisa. 🙂
    bss

  2. a lo mejor solo necesitan un pequeño reajuste, un poquito de color para que dejen de ser grises
    ¿quieres decir que haciéndonos un atlas interior llegamos a comprender realmente como somos o lo que seremos? siempre digo que a la que empiezo a conocerme me sorprendo
    petonets

  3. oli- si, si, ellos solos se bastan y sobran… los muy independientes…

    alicia- lo malo de los atlas es que son estáticos, y nuestros movimientos tectónicos son de órdago.. con lo cual, lo que ayer estaba en un lugar, igual hoy se ha desplazado…
    y yo también me sorprendo, y hasta me asusto…:)

    bicos

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