Servicio de terraza

Se puede ver pasar la vida desde una terraza, sólo hay que abrir bien los ojos. En una esquina un aprendiz de saxo con deseos más que realidades, espera ganarse unas monedas, ya sea por seguir o por callarse de una vez.
Las sillas metálicas en la calle, el viento barriendo las aceras y la gente que se divide entre grupos ruidosos y parejas que pasean esposadas sin mirarse siquiera a la cara. Brotan por todos lados los niños coloridos, los carritos deportivos y esos padres orgullosos e hiperprotectores comunicándose en un lenguaje agudo y diminutivo con sus hijos.

Con la mirada hambrienta nos estudia el camarero, en realidad te mira a tí, y me alegro infinitamente de que me ignore. Lo intuyo lascivo, lo veo ansioso, y fantaseo en voz alta sobre sus perversiones, con lametones dados a los bordes de tu taza de café recién servida, a la cuchara brillante, e incluso a ese caramelo regalado.

Nos quejamos de la monotonía, la falta de sinceridad y la abulia ante los libros abiertos. Comentas lo que odias a los adolescentes gritones y ese momento en que se encuentran las palabras adecuadas para una conversación trascendente ya terminada.
Cruzamos recomendaciones de libros, películas, tiendas repletas de chocolates y visiones analítico-absurdas de la realidad que colorean la tarde.
Observamos a los que se pasean arriba y abajo; tú interesada en zapatos de tacón, yo en hechizar a aquellos que aún no han aprendido a prescindir del chupete.

Se nos da bien lo banal, tapar lo profundo de los miedos, las incertidumbres que nos suben por las piernas, esas que en ocasiones atenazan el pecho. Risas exorcistas hacen que se esfume por un instante ese espectro que nos anuncia las arenas movedizas de los compromisos, las ataduras y la adultez lograda a base de invitaciones de boda color sepia y contratos vinculantes.

Tachamos mentalmente las cosas que nos recuerden que estamos sentadas, testigos estáticas de una realidad que bulle, de una ciudad y una forma de vida alternativa que parece darnos la espalda; a la que, por ahora, nos negamos a pertenecer.

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14 pensamientos en “Servicio de terraza

  1. Pues sí, tarde perfecta para no hacer nada, dejar pasar el tiempo y observar. Pero no es una tarde perdida, es una tarde de distracción, de desconexión, sin más mundo que la gente anónima de la calle y ese chupacucharas, dejando la vida adulta para después…Y te olvidas de que son “jimmy choo” no zapatos y de que la palabra perdida es avatares…y de que he decidido darte café para que sigas hiperactiva jeje

  2. carpediem- ya, ya, me olvido de cosas, también del sacaleches, pero es que hay que guardar las formas… 😉
    solounpoco- solo te ocurre las 300 primeras veces, después se forma callo en el esófago y ya no sientes que te quemas

    bicos

  3. Me suena a una tarde para pensar, en uno de esos momentos en los que te planteas muchas cosas. ¿Será verdad que la vida nos desencanta? ¿o seremos nosotros quienes le pidimos demasiado, y por ello nos decepciona? No se yo. Ahora que no puedo echo de menos los sabados y los domingos en los que no se trabaja, y se puede tomar un café con las amigas.

    Un saludo

  4. He leído el post, y me ha entrado una coseja por dentro!!! Paso el verano, y los tiempos que voy a casa, trabajando en la terraza del bar de mis padres… Y bueno, sin llegar a dar lametones a las tazas de café, muchas de las cosas que cuentas, las piensas e imaginas mientras sirves las mesas también. Y muchas otras, claro… tantas y tantas historias… Leche, qué recuerdos…

    Pues eso, que no entiendo como te ignora el camarero… A lo mejor yo acertaba que eras tú… 😛

    Un besote.

  5. Reyes- es una tarde en que te planteas todo sin llegar a decir nada, tratando de aprovechar el tiempo para no hacer nada… la vida no nos desencanta, somos nosotros, que nos volvemos miopes y no vemos todo lo bueno….

    poedía- una terraza no deja de ser un lugar desde el que poder observar con tranquilidad, ver como respira una ciudad en una tarde de calor. Eso si, como camarero seguro que tú podrías ver y oír más… deja que me ignore, me tomo más tranquila mi café… jejejeje

    bicos

  6. Una terraza es el lugar ideal para una tarde de esparcimiento con amistades. Sentarse a ver la vida pasar, mientras se saborea un cafecito o tomamos un helado, y conversamos banalidades, una especie de higiene mental, nada mejor. Un saludo.

  7. cada viernes por la tarde 3 de mis hermanas y yo nos reunimos, falta otra y un chico, pero no pueden, por trabajo, nos gustan las terrazas y de cara al veranito mas, allí hacemos lo que llamamos terapia familiar, la verdad es un momento al que no quisiera renunciar
    petonets

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