la eternidad atrapada en una noche

Hay en la intimidad un límite sagrado
que trasponer no puede aun la pasión más loca
siquiera si el amor el corazón desgarra
y en medio del silencio se funden nuestras bocas.

La amistad nada puede, nada pueden los años
de vuelos elevados, de llameante dicha,
cuando es el alma libre y no la vence
la dulce languidez del goce y la lascivia.

Pretenden alcanzarlo mentes enajeadas,
y a quienes lo trasponen los colma la tristeza.
¿Comprendes tú ahora por qué mi corazón
no late a ritmo debajo de tu diestra?


Ana Ajmátova, poeta rusa (1889-1966)

Me hablan del amor eterno, pasiones arrebatadoras y el dulce sabor de dejarse caer y deslizarse a la parte más animal, cegados por el deseo.

Niego con la cabeza. No es eso a lo que me refiero cuando hablo del ideal romántico. Adentrarse en el cuerpo para llegar al alma, la esencia, esa arista que no se conoce pero se vislumbra allá al fondo. Agazapada en la próxima conversación o en la siguiente copa, nos asaltará como palomas que escapan de las chisteras de doble fondo.
La magia existe, y a veces no es necesaria una década, ni tampoco noches de lujuria. Hay quien se ha prendado de simples conexiones, de diálogos fluídos, miradas sinceras, caricias dadas con palabras y besos construidos a base de frases.

Hay quien vivió su mayor historia de amor en el cuarto de un modesto apartamento de Leningrado. Allí algo nació y murió una noche fría de 1945. Sin importar las condiciones o las presiones políticas; sin necesidad de camas, cortejos o bailes; sólo ellos, un diplomático, Isaiah Berlin, y una poeta (nunca quiso ser llamada poetisa) censurada por Stalin, Ana Ajmátova.
Confidencias, poemas escritos de memoria, lágrimas, recuerdos y platos de patatas compartidos se fueron esparciendo por la alfombra. Al amanecer eran tranparentes el uno para el otro.

Se reencontraron décadas más tarde en Londres, para tener que admitir que su momento de eternidad había pasado, que para ellos sólo existió aquella noche.

Para que hablar más, si Vargas Llosa lo ha contado ya, y por supuesto, mejor que yo.


Además dos menciones de sábado jubiloso: hay quien ha vuelto de su largo retiro… y gente que no conozco se ha acordado de mí y me hacen sentir importante (una pizca…)

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8 pensamientos en “la eternidad atrapada en una noche

  1. “La magia existe, y a veces no es necesaria una década, ni tampoco noches de lujuria. Hay quien se ha prendado de simples conexiones, de diálogos fluídos, miradas sinceras, caricias dadas con palabras y besos construidos a base de frases”.

    Pozí.

    Y me gusta cómo aborda ajmatova los límites de la intimidad. cuestión espinosa y que da muchos disgustos. para mí que es más sencillo hacer incursiones por esos límites, en plan mugalaris, en una relación de amistad que en una relación sentimental.

  2. Es que la amistad es desinteresada, las relaciones sentimentales se vuelven egoístas y exigentes, siempre pidiendo más y haciendo reproches y cuentas de beneficios y costes personales.
    Además, es que tenerlo todo en uno sería ya la leche… jajaja

    bicos

  3. fiorella que coincidimos en ese mínimo intervalo de las 05:32… jejeje
    la relatividad del tiempo, lo larga que se hace la espera y lo corto que suele ser lo bueno…
    umm, montevideo… que evocador…
    bicos

  4. Anna, a la que he encontrado por casualidad en una excavacion arqueológica personal que comenzó con un zorro y un erizo… extraños caminos que me llevan a sus palabras, lejanas y a la vez tan cercanas.

    bicos

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