Extraterrestre

Había hecho todo lo que se supone que debe hacerse en esta vida para ser feliz. Tenía bajo el brazo una diplomatura, su trabajo en un colegio de primaria, un novio decente, familia con la que comer cada domingo, un piso hipotecado, una suscripción al círculo de lectores y un coche turbodiesel con seis airbags en colores metalizados.

Sin embargo, cada día le costaba más seguir el ritmo, arrastraba los pies en su camino hacia casa, cargada de bolsas repletas de frustraciones y naranjas. Se le hacía complicado pasar una sola noche sin llorar, sin ahogar la ansiedad en la almohada ni apretar los puños hasta dejarse los nudillos pálidos.

Gritaba sin motivo, se desesperaba, se mordía las uñas compulsivamente y había comenzado a fumar y adelgazar a un mismo tiempo. En esta sociedad todo eso tiene un nombre: locura.

Los ansiolíticos la contuvieron durante unos meses, disociándola de su marejada interna, del oleaje que la azotaba. Cuando tres pastillas al día no fueron suficientes, empezó a plantearse que era lo que iba mal en ella.




En el fondo ya sabía qué ocurría, pero trataba de engañarse. Todo lo que había construido no le servía, era una cortina de humo extendida para disimular ante los demás y ante su propia conciencia. Fue toda la vida una cobarde, pero ya no podía soportarlo.

Era consciente de que romper con todo era necesario; ir donde su alma deseaba, volar hacia el horizonte. Siempre había sentido ese susurro en el oído, aunque tratase de amordazarlo a base de compras y listas de objetivos de año nuevo con la esperanza de que eso terminase con las demandas de aquella voz.

Sería incomprendida por todos, tratarían de disuadirla, de hacerla entrar en razón y asegurar que aquel no era el mejor camino, que supondría un grave error y no podía echar su vida por la borda de aquella forma.

Nada de aquello importaba, aunque se sabía enloquecida, no cambiaría de parecer. Aquella voz cálida a la que estaba deseando seguir y obedecer por fin había vencido. Se dejó acunar por sus promesas y las caricias que parecía brindarle a través del aliento que escapaba de su boca.

La serenidad de los que han tomado decisiones trascendentes se instaló en su rostro. Desde el día en que dejó su casa no perdió la sonrisa, ni esa aura de paz de los que son totalmente felices.
Es alucinante encontrarse con alguien así, extraterrestre vestido con hábito gris y cruz de plata. Puede que no la comprenda, pero envidio esa tranquilidad de los que encontraron lo que siempre buscaron.

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20 pensamientos en “Extraterrestre

  1. Solo encuentra el que busca, tarde o temprano, pero encuentra, casi siempre a precio caro, pagando el precio de la vida, algunos con mucha suerte encuentran temprano lo buscado, yo solo siento envidia cuando dejo de buscar.

    Saludos

  2. buff… pues yo me temo que todavía no he encontrador mi vocación
    pero bueno, cuando llegue ya sabe donde estoy jejeje
    me encanta tu blog
    me he tomado la libertad de añadirte en la lista de mis amigos
    espero que no te importe
    Nos leemos

    ~Eva~

  3. Me he sentido un poco bastante reflejada (con más moderación, en todo!)… salvo en el final. Yo también envidio, y admiro. Sólo una pregunta (o dos): ¿qué le susurraba la voz? ¿qué encontró que siempre buscaba…?

  4. evayadán- ay, la vocación… que cosa tan escurridiza. Fisgaré un poco por el tu blog, a ver….

    veli- todo es cuestión de estar seguro, ella estaba totalmente convencida, a pesar de que todo el mundo dudaba de su decisión…

    usuaria- yo también me alegro, porque aunque no pueda entender el porqué, la veo tan plena, tan desbordante de felicidad que es imposible tener dudas de si es lo que debía hacer.

    maite- puff, pues algo tan pasado de moda y tan raro para una escéptica como es Dios. Lo dejo todo y ahora anda por ahí, vestidita con una falda gris, una medalla gigante con una imagen religiosa y una alegría contagiosa. Es monja, de las que te hacen creer en la santísima trinidad, incluso, de tan entusiasta…

    solounpoco- evidentemente, el dinero aún no ha conseguido eso.

    Bicos repartidos

  5. Me parece que la gente que oye voces suelen estar dentro del apartado Esquizofrenia, pero bueno que es la religión sino una esquizofrenia colectiva???

  6. La verdad es que si, cuando tomas una decisión que cambiará tu vida, te sacas el peso de la indecisión de encima y a partir de ahí te relajas, y te sientes bien, aunque seas consciente de que cambiarás tu vida, y los demás lo notan y tú lo notas.
    petonets

  7. Por cierto eso de familia con la que comer cada domingo… lo encuentro de lo mas retro, bueno por lo que conozco de mi entorno a casa de los padres o de los suegros se acude de tanto en cuanto, en muchos casos navidad y otras fechas susceptibles. Prefiero pasar el domingo en el campo o en la playa, o visitando museos u otra cualquier actividad q me llene… a menos q te llene visitar a tus padres claro está, a mi poco la verdad, mas q nada pq siempre acababa discutiendo con ellos.

  8. La busqueda suele ser lo más excitante de todo el proceso, de normal cuando alcanzas el objetivo, o te planteas uno nuevo o te sientes vacio

  9. knivess- a lo tuyo se le llama verborrea, creo jajaja
    Lo de los padres es así porque por ahí sois muy modernos, por aquí si faltas un domingo igual montan una partida de búsqueda y rastreo…
    Si te quedas vacío una vez que consigues tu objetivo es que estabas equivocado, cuando es lo adecuado te tiene que llenar.
    Locura, alucinaciones o no… poco importa, viendo su felicidad, quien pudiera…

    Alicia- la tensión se acumula, se acumula y al final, cuando decides, respiras por fin y te sientes aliviada….

    bicos

  10. mitchell- es una mezcla entre envidia y esperanza, ves a esas personas y te das cuenta que es posible, que hay algo que encontrar…

    bajouncielosinluna- gracias, gracias, me daré una vuelta por ese cielo de luna nueva…

    bicos

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