Licor café


Todo empezó con unos mirabeles en un platillo rosado. Huesos para juguetear en la boca, entre los dientes y la lengua. Nos reimos con nuestros juegos tontos de palabras cruzadas. La vida empieza a verse de otra forma. Alguien sugiere que es por el vino, pero juro que bebía agua. Es por ese ambiente, cálido y lleno de abrazos, cariño y alegrías compartidas. Eramos el extremo más ruidoso de la larga mesa, y aún no habíamos empezado a cantar.
Nos volvemos ladrones de guante blanco y acumulamos botellas de licor café vacías y letras de canciones. Cuando perdimos la cuenta ibamos por el noveno brindis y la rianxeira.
Salimos (o nos echan) del local a la calle empedrada. No llueve, recitamos a Rosalía tentando nuestra suerte, y buscamos con los ojos ese impermeable amarillo de Momo; un bar que antes fue una calle, y de la que aun conserva pasos de peatones y aceras cuidadas. Allí el grupo de veinte se nos reduce a binomio.
Sílaba a sílaba llegamos a construir una conversación reveladora, con aspectos desconocidos, stripteases integrales de alma e inseguridades compartidas. Hablamos de los caminos que se bifurcan, de las dudas existenciales y el miedo a vivir. Es increible lo que nos parecemos siendo tan distintos. Una pena descubrirlo ahora que nos separamos, aunque nunca sea del todo tarde.

Extraña pareja la que formamos, cuchicheándonos al oído hasta el amanecer, sentados en un sofá, con frío, patatas fritas y penas compartidas. Filosofamos tapados bajo una manta y formulamos una nueva ley universal:

El amor es como el licor café. Tranquilizante y excitante a la vez, denso, oscuro, dulce y con ese final en el paladar que deja el buen aguardiente, casi haciendo que se salten las lágrimas (o sin casi).

Y como todo lo bueno de la vida, es para disfrutar; para tomarlo de un trago decidido y sin vacilar. Bebida que recuerdas en la cama, dando vueltas sin poder dormir y con el peor día después que puedas recordar; arrepintiéndote de lo que has hecho, jurando que no recaerás ni volverás a hacer algo parecido jamás, que te controlarás.

Eres consciente de que es mentira, y de que en el licor café como en el amor, la larga y dulce noche te parece eterna, pero llegado el amanecer y la luz reveladora, si no te mata con su resaca infernal, te hará más fuerte.

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11 pensamientos en “Licor café

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