El miedo a la intimidad y los striptease mentales

A los pies de mi cama tengo un cesto lleno de corazas, de mentiras piadosas y también escudos protectores que usé en otro tiempo. Me he dado cuenta de que no sirven de nada, que los peores y más mortíferos ataques se llevan a cabo desde dentro.
Salen de mi inseguridad, de las miles de excusas dadas para no intentarlo, de esos autoengaños que me nublan la vista y las voces que me dicen que no sirvo para las relaciones largas y duraderas.
Me hago la lista, la fuerte y hasta la insolente; todo lo que no soy pero a veces desearía, papeles que no me creo por más que los interiorizo por método Stanislavski o mediante hipnosis regresiva. Interpretaciones geniales, pero sólo eso: cuentos, charadas y más de cien mentiras.
Si cierro los ojos aún tengo siete años, las rodillas peladas y figuro como empollona de la clase; una cría con inmensas ganas de agradar aún a costa de perder su identidad. Conformista, abnegada y odiosa. Niña repelente que veo en fotografías y detesto con ganas; a la que me gustaría coger por los hombros y zarandear para espabilarla, para decirle que la vida pasa por su lado y no la está aprovechando por preocuparsede lo que los demás estén pensando.

Me condeno al fracaso porque es en ese terreno donde me siento segura, en ese mar en calma que no lleva a ninguna parte. Apuesto por los perdedores, por seres dañados, incompletos e inmaduros que me hagan sentir como su madre, su salvadora o una Teresa de Calcuta que cuide sus llagas. Quiero ayudar, para así no tener que ocuparme de mi misma, gastar mi tiempo en medidas paliativas, rehabilitaciones y relaciones transitorias que no dejen espacio para la construcción de algo en lo que verme involucrada y enjaulada de por vida.
El terror está aguardándome en el triunfo, en los semáforos en verde que me obliguen a avanzar por las calles y dar pasos por lugares desconocidos. Tengo un miedo atroz a vencer, a que me den un “sí” en vez de un enésimo “ya te llamaremos”, a ser seleccionada, aceptada y amada por tiempo indefinido.
Ansiedad ante una escena de salón y televisión en que la confianza sea usada como una manta compartida en el sofá. Angustia al soñar lo que supone la pérdida absoluta de control, el confiar en alguien y desnudarse en cuerpo y mente. Es por eso que me hago abogada de causas pobres y dibujo en las paredes amores improbables con hombres que no se comprometerán conmigo. Con ellos sé que estoy apostando sobre seguro al caballo perdedor, no corro el riesgo de encontrarme asustada y vulnerable en una verdadera relación.

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6 pensamientos en “El miedo a la intimidad y los striptease mentales

  1. Aprovecha tu sabiduría para ponerle remedio…otras tardamos muchos años en darnos cuenta…Yo llevo miles de años pidiendo perdón a todo el mundo por mis éxitos, de tanto pedir perdón he creado yo misma mis fracasos.

    Besos y descontrólate (yo el año pasado fui a una colega tuya para trabajar sobre eso del control, es decir a vivir con el descontrol. Todo el mundo intentado controlar y yo lo contrario…ironías de la vida).

    Aprovecha tu autodiagnóstico, guapa!

  2. Da mucho miedo quedar al descubierto, a la vista de todos y que vean lo que eres capaz de hacer. Soy de los que piensan que hay un grupo de gente, entre los que me incluyo, que nos gusta la segunda fila. El hacer sin que se nos vea, y desde ahí rumiar que a veces nadie nos dice nada, o incluso admitir que estamos ahí detrás porque no valemos. Pero a veces la gente se mueve a derecha e izquierda y quedamos en primera línea a vista de todos. Y da pánico. Y luego cuando se pasa llega el miedo. Pero vamos, que se trata de seguir haciendo lo mismo de antes y dejar de pensar que todo el mundo está mirando… Otra cosa es ya lograr eso, pero la teoría… jeje.
    Tranquila y a por todas…
    Un besote de Sanchez Drago, 😛

  3. zalacain- diría más bien que tengo suerte de que alguien me animase con algo tan sencillo como soltarme un “desnúdate”, y bajo las capas y capas de protección esto es lo que queda…
    honey- uff, el puñetero control y las barreras invisibles que nos dibujamos en el suelo. Lo de mis relaciones autosaboteadas desde el inicio ya es un clásico en mi vida, pero tuve que pasar cinco años de carrera para caer en la cuenta. Veremos cuanto me hace falta para solucionarlo y dejar de detectar y atraer capullos y otro tipo de seres inconvenientes en mi vida.
    poedía- no tengo problemas en que vean como hago el pino-puente, recorto los setos o incluso doy sesiones de relajación progresiva. Ahora, lo que es la intimidad de una relación, como que no, se me atraganta. ¡qué horror! así dicho, ¿no?
    2enemigo- gracias, paso a paso, a ver como lo soluciono

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