Flafel, que se dice flafel

Porque lo prometido es deuda.
En el plazo de tres meses pasaron de cero a siete restaurantes, o döner kebab, o como quiera que se les llame. Por todo Santiago, en cada calle importante; incluyendo la zona monumental, con sus carteles de hierro forjado pero no desentonar con el resto de ambientación urbana.
Justo al lado de mi casa, de la que fue durante los últimos dos años mi pequeño hogar; había un local vacío que en tiempos había albergado un pequeño taller de tapizados. Empezaron las obras, y al cabo de unas semanas el cartel en tonos rojos nos despejó toda duda. Casa Palestina “Bet Falastín”. No tenía pinta de ser un döner kebab cualquiera y no lo era. Resultó ser una suerte de fundación sin animo de lucro, en la que todos los beneficios iban destinados a la ayuda y reconstrucción de los territorios palestinos asolados por la guerra y las incursiones israelíes.
Y allí trabajaba Ahmed. Lo conocí el día en que me volví al oír que me silbaban por la calle. Desde una ventana de la entreplanta dos chicos se asomaban entre los geranios, riendo a carcajadas al ver mi reacción de incredulidad.
Al cabo de unas semanas de pasar por allí, de muchas bromas y de terminar siendo yo la que silbaba al acercarme a su ventana, Ahmed y yo teníamos una rutina bien establecida. Y era divertido. No hablaré de la fama de los árabes de mujeriegos, ni del descaro que supuestamente derrochan, porque la verdad no tengo la menor idea y no me atrevo a asegurarlo. De lo que no cabe duda es de que él algo tenía, un algo que me atraía, que me hacía jugar.
Un día decidí que iba a optar por la estrategia directa. Me presenté a cenar. Así supe que era uno de los cocineros, y que su amigo Hassan, era camarero. Tenían todo plagado de fotografías de la Palestina de épocas pasadas, Arafat recogiendo el Nobel, tapices que representaban el Jerusalem perdido, alfombras mullidas y coloristas, juegos de té salidos de las mil y una noches y shishas en diferentes tonos y formas. En el ambiente flotaba el olor a incienso, especias, té y agua de rosas; un lugar mágico. Nos quedamos hasta que cerraron, empeñadas, mi amiga P y yo, en que nos dejasen probar una de las shishas.
Al final cedieron, y nos pasamos parte de la noche allí metidas, charlando, o interrogándolos, según se quiera ver. Ambos estudiantes de farmacia, se sacaban un extra trabajando en el restaurante. Sus familias se repartían entre Líbano, Gaza y Egipto.
Hablamos de la situación en Palestina, de sus costumbres, de nuestra cultura occidental, de lo mucho que echaban de menos a sus hermanos y padres y hasta de lo difícil que les resultaba pasar desapercibidos en una ciudad como Santiago. Eran casi las tres cuando por fin echamos la persiana y salimos de allí los cuatro.
Varias tardes más pasé por allí, tomándome un té, o hablando de comida, de las recetas que preparaba, curioseando entre los ingredientes, los botes llenos de especias para mí irreconocibles y riendo a carcajadas con las historias que me contaba. Ahmed resultó ser un buen tío, un conquistador de los de antes, culto y buen conversador. A pesar de todo no llegué a saber que escondía tras sus brillantes ojos negros, tras cierta reserva y algunos más que evidentes silencios. No conseguí descifrarlo aunque lo intenté durante el par de años en que mantuvimos nuestra inusual amistad.
Le perdí la pista cuando regresó a Beirut tras terminar sus estudios. Tenía planes para trasladarse a Madrid. Puede que ya esté por sus calles, silbando a cualquier chica que se vuelva al oirlo.
RECETA
500 g de garbanzos (bote, es más sencillo)
2 dientes de ajo
5 cebollas medianas (cada cual que suponga lo que es “mediano”)
2 cucharadas soperas de harina (si quieres una pizca de levadura, aunque yo no uso)
½ cucharadita de pimentón
½ cucharadita de pimienta negra
½ cucharadita de comino
½ cucharadita de canela
2 vasos de agua
Sal, cilantro y perejil (manojillos, sin pasarse)
Elaboración
Mezclamos la cebolla, los ajos picados, el perejil y el cilantro. Añadimos los garbanzos y lo pasamos todo por la batidora, hasta obtener una masa grumosa. Incorporamos las especias, la sal, la harina, el agua y el pimentón. Lo mezclamos todo bien y dejaremos enfriar en la nevera durante 1 hora.
Después es como cualquier otra croqueta, se le da forma y las doramos en la sartén.

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16 pensamientos en “Flafel, que se dice flafel

  1. Escuchando la bso de Happy Feet me hallo y alucino con Ahmed y el resto de cosas de la que escribes…

    Flafel, nunca lo he probado, lo mío es el Lamacún, de pollo, que he de mantener esta cuerpo serrano xD

    No obstante copio y pego la receta, por si un día me atrevo sin carbonizar nada.

    Fuerza y honor.

  2. Qué guay!!
    La historia y la receta!!
    Pues voy a ver si un día pillo a maria y montamos una cena árabe!

    Bueno, árabe…y judia, que paradójicamente también es típico de la cocina judia, prima hermana de la árabe…

    Besucos!

    Por cierto, entonces se pasa también por pan rallado y huevo, como las croquetas?

  3. FALAFEL
    croquetas vegetales

    Por qué comienzo por el falafel? La respuesta es obvía:el falafel es el plato elaborado más popular del Próximo Oriente, incluídos los países no árabes. El origen de su denominación viene, con toda probabilidad, del verbo falfala, que significa “condimentar”(…)

    (…) E falafel es omnipresente y se vende en cualquier rincón de los paises del Próximo Oriente (…)

    (…)los sirios, los palestinos, los libaneses, los iraquíes, e incluso los israelíes, reivindican el falafel como platonacional propio. Curiosamente, los yemenitas, que fueron presumiblemente los responsables de la difusión de estas croquetas, no lo reclaman como propio.

    “Aroma árabe. Recetas y relatos”, Salah Jamal. Ed. Zendrera Zariquiey, 7° edición, 2004. Pag.21-22

    PD: También está en catalán.

  4. honey- no no, en principio no, aunque una vez probé a ponerles algo de pan rallado…
    mittchell- pues pasa recetas, que yo experimento..
    am_zoo- así me gusta, apuntes culturales

  5. patrus- que no es un potaje…pruébalos, ya veras…
    solounpoco- yo es que soy poco escrupulosa con la comida, pero aún así, te aseguro que están ricos, ricos

  6. NO me hago una tortilla de patatas me voy a hacer un falafel jajajajaaj, mejor me acerco a cualquiera de los 3000 establecimientos similares de barcelona y pido uno preparado.

    saludos

  7. patrus- bueno, bueno, ya pondré alguna otra receta que te sirva para tí…
    knivess- ¿nunca te han dicho eso de que lo que se cocina con amor y cuidado en casa no sabe igual que lo de fuera semiindustrial? pues eso

  8. ¡¡¡OIDO COCINAAAAA¡¡¡¡
    ¡¡¡¡UN FALAFEL PARA LOS DE LA COCTELERAAAAAAA¡¡¡

    PS.- Un día es un día y vaya por la srtª desconocida, su amistad con Ahmed y lo exótico, solidario y bonito del conocimiento de nuevas culturas, gastronomía incluída… Porque estando en Santiago, que se come como dios, le viene a uno a las mientes antes una mariscada que cualquier otra cosa, falafel incluído….Aunque hay que estar receptivo y hay un tiempo y lugar para cada cosa…

  9. Es que cualquiera que sea gallego te recomendará que vayas a cualquier otro punto de la costa a por esa mariscada, los precios de Santiago son un pecado…
    bicos

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