Investigación especial

Esa noche no dormí. Era demasiado pequeña para entender bien lo que había descubierto en aquel libro. Lo encontré sobre una mesita de la sala de lectura infantil, con letras doradas en la portada y dibujos extraños en su interior. Mi préstamo semanal fue ese junto con “Las vacaciones del pequeño Nicolás”.
Lo hojeé en casa, bajo las mantas y alumbrada por mi gusiluz. Tenía el presentimiento de que aquel sería un libro importante. Y lo fue. Sentí el impulso de preguntar a mi madre, pero supe enseguida que ella no me daría una solución. Me diría que dejase las cosas correr, que no le diese vueltas, o lo peor que se puede decir, que cuando fuese mayor lo entendería. Además, puede que me arrebatase mi pequeño descubrimiento y me obligase a devolverlo. Eso no lo podía permitir, así que pase la semana releyendo las páginas sepia, impregnadas de ese olor a humedad y polvo que con el tiempo adquieren los volúmenes almacenados y poco hojeados.
Era socia de la biblioteca municipal desde los 7 años, y había leído muchos cuentos, pero ninguno en que hubiese informaciones como aquella. Ya tenía cerca de 9, y ahora que por fin tenía un verdadero enigma ante mí, me quedaba paralizada. ¿Qué habrían hecho los Hollister? No importaba, los odiaba; pero ¿y los Cinco? Ellos se habrían embarcado en una investigación más a fondo, habrían llegado al final de todo aquello por su cuenta y riesgo. Así que eso fue lo que hice.

Por la mañana temprano, mi madre me dejó en la biblioteca de camino al mercadillo dominical. Corrí escaleras arriba con el libro de las revelaciones bajo el brazo. Primero devolví mi Sempé/Goscinny de tapas amarillas en el mostrador del fondo y renové el otro. Volví al recibidor; dónde a la derecha estaba la sala infantil hasta 14 años, y a la izquierda mi objetivo, la gran zona de los adultos; ese lugar donde en alguna estantería recóndita encontraría la clave que aclarase el gran enigma que me había quitado el sueño tantos días.
Los fines de semana siempre había más gente en la casa de la cultura, así que el trajín de personas hacía menos complicado que pasase inadvertida. Una vez dentro, confiaba en la protección que más de diez filas de estanterías repletas me podrían dar. Además, en las bibliotecas, las personas no se fijan en quienes les rodean; están concentrados en su búsqueda, en ese autor que se les resiste o aquel libro de juventud que hoy añoran a saber porqué.
Me pegué a los talones de una pareja; avancé con mil ojos, vigilando no toparme con la Sra. Marisa, la bibliotecaria de la sección de adultos, y me colé por el primer pasillo que encontré. Zona de enciclopedias generales y diccionarios, más allá biografías y libros de historia. En la pared del fondo había un mapa que diferenciaba por colores los temas correspondientes a cada género. Lo que buscaba estaba en el pasillo 6b. Zona de medicina. Tuve suerte, la Enciclopedia Médica en 20 tomos estaba a una altura aceptable. Mi objetivo era uno de lomo azul cobalto con un XVI en grandes letras. Además con la inscripción soñada: las tres palabras que llevaba una semana repitiéndome como mantra: tocología, obstetricia y ginecología. Incomprensible jeroglífico que aparecía en el glosario final de mi libro como el siguiente paso en la búsqueda de la verdad.
Traté de mover el pesado volumen y me cayó sobre las piernas; abierto por una página al azar, llena de fotografías en blanco y negro. Ahogué un grito al ver algo que parecía ser un niño cubierto de sangre. Cerré el libro. Lo dejé en la estantería y salí de allí. Baje de dos en dos las escaleras hasta la calle. Cuando llegó mi madre le enseñe, ahora sí, mi libro infantil. Tenía muchas dudas que disipar.
Por mi siguiente cumpleaños me regalaron un ejemplar de mi particular libro de las revelaciones. Aquí se ve el gran misterio…

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18 pensamientos en “Investigación especial

  1. Coño, a los nueve años ya estabas construyendo robots capaces de autoreproducirse?, eres una máquina, si quieres puedes formar parte del departamento de gnética del helitransporte…

    Aunque aún no entiendo para qué el cojín que aguanta el huevo metálico…

    Eres simplemente fascinante…

    Fuerza y honor.

  2. No es un cojín. Es un cerebro.
    Nunca has oido eso de que algunos piensan con la polla?

    PD: No entiendo los tags. Misterio ninos crecer. Qué es lo que crece: el misterio o los ninos?

  3. Primero, empieza a mejorar tu dieta…
    Segundo, crecer, crecen los niños, pero soy algo caótica para los tag
    Tercero, ¿pero de qué cojín hablais? jajaja si es lo que supongo, es el endometrio; y esta en ella…

  4. nick- si es que, con lo que tú eres, que no lo supieses… te voy a quitar ese puesto en el departamento de genética
    también…- me alegro de que el pan entre en tu dieta, y a saber en que metafísica pensabas tú…

  5. Metafísica? Eso qué es? No no!!! A mí no me vengas con cosas difíciles. Yo no quiero pensar. Me cansa.

  6. Qué bueno!! Normal, con un dibujito así ya se me hubiesen despertado las curiosidades que aun no se hubiesen desperezado…
    Por cierto, también era adicta a los Hollister *;P
    Un saludo.

  7. Rara es la mente, porque entre laguna y laguna mental he recordado perfectamente de ese libro, (trataba al cuerpo humano como si fuese una gran fábrica) era de mi hermana mayor, lo leí infinitas veces y siempre me hizo gracia que en un mundo tan machista el robot femenino era más grande que el masculino.
    ¡qué manera de hacernos la picha un lio! y también lo digo por el serpertín del dibujo.
    Yo, que me leí la biblioteca entera de mi colegio, por supuesto que también leí a los Hollister y a los Cinco… Pero todo aquello ya se me olvidó
    ¡Maldita sea mi memoria!.

  8. Marilia- devoraba libros de los Hollister y los Cinco, pero después descubrí a una llamada Trixie Belden, y me quedé con ella, era más mi estilo. De ahí salté a Stephen King (por mucho tiempo)
    Semeolvido- es que el libro es muy bueno; con un mapa del dedo gordo del pie, con sus ríos de sangre roja y sangre violeta inundando las calles jejejeje
    eldelatoñina- si se enterara de lo que andas comiendo a según que horas… a dormir y comer bien, pero ya!!
    knives- Hindley, Judy (1976)Como trabaja tu cuerpo. Viaje en torno a la máquina corporal. Plaza joven
    PD: Datos bibliográficos dados según las recomendaciones de estilo de la American Psychological Association. Que cosas estrañas enseñan a hacer en las carreras universitarias. 🙂

  9. Qué buena detective nos saliste!! Daba miedo colarse en la sección de los mayores, eh?? Yo temía a Mila, que era como una bruja bajita con gafas de pasta acabadas en punta hacia arriba…
    Y el dibujito, para ser lunes, requirió de dos vistazos para verlo bien… jajaja.
    Muy buen post, saludines…

  10. Uff, es que todo lo que fuese “de mayores”, desde salas de biblioteca a atracciones de feria en las que no se podía montar hasta pasados los 12 años, eran algo misterioso y oscuros. No podías imaginar que pasaría alli dentro…
    El dibujo gana con el paso de los años jejeje
    bicos

  11. Hummmm bueno.. yo creo que a mi nadie me explicó, ni por libros, aquello de la sexualidad entre los humanos… me tocó irme enterando a punta de tropezones…. y para ser sinceros … aún me falta por aprender!!!!

    😛

    Saluditos!

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