El niño que deseaba ser director de orquesta

Cada cual se marca un objetivo vital. Algunos piensan en hijos, coches de cinco plazas y trabajos simplones. Su mundo acaba en la Albufera, en la cola del supermercado y las vacaciones de Semana Santa para ir a esquiar. Está bien para ellos; es suficiente, bastante estable, tranquilo y predecible.
Se ve que para tí no sirve.
Tú, que te ahogabas en casa, que repasabas en el atlas lugares por visitar; quieres algo más grande, bullicioso y emocionante. Dices que necesitas ver mundo, asomar la cabeza y abrir tu mente; confundirte entre la marabunta. Repites que Berlín es una Gran Ciudad, así, con mayúsculas; y sus posibilidades se multiplican a cada paso que das. Recomendando visitas, mercados y cervezas; explorando con tu bici los alrededores de Alexanderplatz o siguiendo las huellas que dejó el Muro en Mühlenstrasse. Ese Muro que te propones asaltar para robarle un trozo, un pedazo de historia que atesorar para siempre; para guardar junto a las entradas, las fotos y otros recuerdos que servirán de talismán para retrotraerte en el tiempo; que puede que terminen en alguna estantería de tu cuarto, en una caja de cartón o colgados sobre la pared.
Casi te veo por Tiergarten rondando el Reichstag, sentado al sol en las escalinatas, o plantado en Postdamer soñando ante la sede de la Filarmónica, escuchando a Mahler, la segunda, quinto movimiento; con los ojos entrecerrados, paladeando cada nota.
Lo tuve que preguntar, pero ya desde antes sabía la contestación; el fin principal de tu vida es la música. Canciones, primeros movimientos de suites o algo de jazz; en tercera mayor, si bemol o clave de sol, pero pautado, bien sincronizado, con flautas entrando en el momento justo, y el bajo con el ritmo adecuado.
Para mí, gracias a tí, Berlín huele a salchichas y brezeln, está llena de mercados de navidad incluso en el barrio turco, hace frío y todo se mueve a un ritmo determinado; desde los taladros neumáticos quebrando el asfalto a los cláxones de los coches. Los pasos de la gente, los gritos de los niños en el patio del colegio y el batir de alas de las palomas levantando vuelo. Todo es música, todo es susceptible de analizarse bajo ese prisma auditivo, esa pautación rígida y secuencial. Me pintas un Berlín que se comporta como una maquinaria de reloj bien engrasada. Aunque sé de sobras que no es cierto; que debe haber un Berlín orgánico y caótico; con atascos, niebla y dióxido de carbono. Sé que hay perros, policías, vagabundos, arquitectos, madres, jubilados, niños, putas, oficinistas y deportistas de élite. Pero de ellos nunca hablas. No haces fotos de personas, ni mucho menos con ellos. Y es extraño.
Parece que te sobra la gente, no tienes la necesidad de comunicarte de un modo compulsivo ni de conectar emocionalmente. Yo, que me defino como animal social; me quedo fascinada ante tu postura vital; ante ese niño que en la representación del colegio quería ser Claudio Abbado, que deseaba colocarse un peldaño por encima del resto, alejado; preocupado por encontrar cual es la melodía exacta de la conversación que está siguiendo, deseando haber nacido con un oído absoluto, que no le hiciese necesario fruncir el ceño para reconocer las escalas o registros de la voz que le habla.

Dices que Berlín es tu ciudad y te resulta perfecta. De repente se me ocurre que no has ido allí a encontrarte, si no a perderte, a dejar de lado tu identidad y la individualidad de ser alguien con nombre y apellidos; estás ahí para sentir el pulso y fundirte con el ritmo de la ciudad.


PD: la canción que tenía en mente no era esta, pero con ese video… no podía ser otra

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6 pensamientos en “El niño que deseaba ser director de orquesta

  1. Hay veces que tenemos que marcharnos lejos, perdernos, olvidarnos y reencontrarnos renovados y diferentes.
    Tu amigo es especial y parece haber encontrado lo que necesita, bravo por él…y por tí, porque tampoco todo el mundo tiene suficiente sensibilidad y generosidad para aceptar al diferente…y quererle.
    Va a ser que a tí tampoco te basta con una vida como la del primer párrafo…

    Besotes.

  2. Bueno, creo que por aquí a pocos nos llega con el primer párrafo…
    Todos iguales sería muy aburrido; por mi parte, tengo mal oído y aún peor gusto musical pero por suerte dice que me va a reeducar musicalmente hablando jajajaja
    bicos

  3. Muchas gracias por tu post, srta Desconocida.

    2 cosas:

    a)No es barrio árabe. Lo que hay son turcos.

    b)No son prentzels. Es Brezel, y el plural Brezeln.

    Grüße

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