Sangre

Me he fugado vilmente, para que negarlo. Tía M estaba hoy más pletórica que nunca; es decir, insoportable. Dos platos y medio postre me han bastado, después un cómplice y yo nos hemos escabullido hábilmente.
No tengo hermanos, y en mis veranos de niña solitaria, eran mis primos los que ejercían ese papel protector y a la vez déspota conmigo. Hacía tiempo que no estaba con R como hoy. Un café, y ¡qué narices! una copa para recordar aquel día, con 12 años, cuando todos nos emborrachamos tomando casi completa una botella de brandy Terry.
Ahora somos mayores, adultos responsables, como él se empeña en recalcar; con vidas ajetreadas y paralelas. Nos encontramos en fiestas, navidades, y poco más; en esta familia las bodas y otras celebraciones mayores parecen estar vetadas.
La conversación que comenzo con sonrisas tatuadas, alegre y animada, se queda muda. Ambos sabemos hacia donde se dirijen nuestras frases y diálogos; hacia un día; esa tarde de tormenta y lo que paso junto al río. El tema sobre el que guardamos silencio, pacto solemne y tácito sobre el cual no hubo nada más que decir. R creo que aún ahora se sonroja al recordarlo, lo sé porque se le ponen coloradas las orejas, y ese es su primer signo de vergüenza. Ha pasado mucho tiempo, y no debería ser para tanto, pero noto que se corta, que carraspea y desvía la atención. Mientras seguimos divagando sobre el arte y ensayo, repaso mentalmente en mi cabeza aquella tarde.

Estabamos buscando unas cuantas ranas para hacer cualquier perrería con ellas. El resto del grupo se había quedado cerca del pueblo, preparando algún tipo de casa arbolada, fuerte embarrado o bunker secreto entre la hierba segada. R y yo nos marchamos hasta el río. Era un día de bochorno insoportable, de sol ardiente y ambiente estancado. Junto al río era aún peor. Rodeados de mosquitos y demás insectos en nubarrón sobre la cabeza, con palos tanteábamos las cañas y hierbas altas. Era el verano del 96, y como había olimpiadas, poca gente se acercaba al río los días de competiciones importantes. Además se presentía en el aire la llegada de la tormenta, el ambiente denso y pastoso.
Me descalcé y avancé por el río, con la esperanza de encontrar así algún renacuajo, por si no era posible lo de las ranas. R se quedó en la orilla golpeando los juncos y mirando lo que yo hacía. Me fui adentrado hasta que el agua me llegó a medio muslo, con cuidado de no mojar los pantalones cortos. Posé un pie sobre una piedra cubierta de fango verdoso, y por supuesto, resbalé y terminé empapada. Cuando me volví corriendo hacia la orilla, R me miraba con ojos desorbitados. Blanco y con sudores fríos, no parecía capaz de articular palabra. No apartaba la vista de mí, de mi cuerpo, y yo no podía entender que le pasaba. Estaba como en trance; hipnotizado y con la boca semiabierta.
Me repasé completamente, y no vi nada hasta que me señaló asustado:
-mira tienes sangre.
Por entre los pliegues de mis pantalones azul cielo se podía ver una mancha creciente; roja intensa en el centro y rosada en los bordes al haberse diluido en el agua. No llegaba siquiera a la cremallera delantera, cubriría a duras penas una moneda de veinte duros pero allí estaba: mi primera regla.
Caminamos en silencio hacia casa, él horrorizado, yo mojada y avergonzada, ambos sabiendo que todo había cambiado.

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14 pensamientos en “Sangre

  1. Joder, precioso, me he quedado sin palabras, en serio, no soy muy dado a las albricias y las jeculatorias, pero te ha quedado un post precioso, es más, COJONUDO.

    El cuerpo humano es insondable y misterioso, verdad?, a mí jamás deja de sorprenderme, y el de una mujer, más todavía…

    No sé qué más decir salvo que las menstruaciones las pasamos todos, el dolor sólo vosotras, y es una pena, porque yo sacrificaría mi entereza por ayudaros a soportar tan penoso trance.

    Fuerza y honor.

  2. Gracias, gracias, ya estoy sonrojada, que lo sepas.
    En mi caso este fue el mayor problema que me dieron (hasta el momento) mis queridos ovarios. No me puedo quejar, o si lo hago alguna vez es por vicio, no paso de tener la lágrima fácil y falta de paciencia por un par de días.
    Pues eso, fuerza y honor (ya que has desterrado al jamón de la ecuación)
    😉

  3. hola canija asesina de ranas (¡¡¡y renacuajos!!!, ¿no te da vergüenza?).
    me ha encantado (y las fotos del otro post, la de la caja de lejía es para enmarcar).
    y sí, un día, de repente, todo cambia.
    y lo peor es que ya nada será igual.

  4. Nunca ha vuelto a ser lo mismo, ni parecido. Una pena; lo pasábamos bien, eramos iguales. Después yo pasé a ser una chica y ellos chicos. Ellos se pasaron a las motos y las cervezas y yo me tuve que juntar con una niña repollo que no podía mancharse nunca, ni una pizca.
    Las ranas fumaban porque querían, no se las obligaba. Los renacuajos volvían al río la mayoría de veces. 😉
    Te ha gustado mi pequeño apartamento por lo que veo…jejejeje

  5. La primera menstruación que momento tan especial para una mujer(y que incomodidad para un hombre ser testigo de eso, me imagino la cara de R).
    Hermosa historia la verdad, es como para comenzar (o terminar) una novela.

    Y ¿aún te agradan las uvas?

    Saludos

  6. Las uvas no me entusiasman, salvo en nochevieja por la tradición de las 12 y las campanadas para año nuevo y demás. En realidad porque me gusta ver como se ahoga la mitad de mi familia… jajajaja
    Bonita historia, pero deja un regusto amargo, a pesar de todo…
    No sé si es especial o no, yo estaba deseando tenerla porque mis amigas del colegio ya la tenían todas y yo me quedaba fuera de ese mundo.
    Después empezó a parecerme poco divertida y si algo incómoda.
    Bicos

  7. Jajajaja… me has hecho recordar que en casa de mis padres hacíamos lo mismo pero teníamos que comerlas debajo de la mesa(¿?) imagínate a diez personas debajo de una mesa atragantándose con uvas.

    Saludos

  8. Es que “ella” es así, tan oportuna siempre…
    A mi me vino un día que me tenía que disfrazar de tecla de piano – sí, ya sé disfraz conceptual donde lo haya- e iba con una mallas blanco nuclear. Así que fue, mi primera regla y mi primer tampax, del tirón, por narices!

    Preciosas las imágenes bucólico-campestres.

    Mu chulo!

  9. Sufro de escritura compulsiva, por aquello del estrés; repaso y se me ocurren cosas, como y pienso cosas, duermo y sueño cosas para escribir… me doy miedo a veces…
    Y ya te veo, las estadísticas te delatan, si no ya te habría llorado en tu blog o por mail, que tengo una vena plañidera que no veas y con lo de sansar me es más que suficiente por este mes..
    bicos y cuídateme

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