Paradojas

A veces las buenas lecturas sirven como pastillas para la memoria. Gracias por las palabritas que me sirvieron de conjuro para la invocación.
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Llevaba 34 o 35 horas de aturdimiento, no recuerdo si en ese tiempo dormí, comí o respiré. Desde el martes a la tarde no había vuelto a enfocar realmente la mirada ni la mente. Todos los sentidos embotados, un murmullo generalizado a mi alrededor; gente que pasa, te besa, te habla aunque no les atiendas; y el frío, los pies helados y el aliento que se podía ver salir por entre los labios. Ese inmenso y helado estado que hace que no sientas nada, sólo el tremor que amenaza desde el estómago. Recuerdo también el olor de las flores; pero no el real, ese apestoso de spray que le echan a los centros y coronas después de acabados, la laca de las flores que le digo yo. Desde entonces para mí la muerte es frío, laca especial y ese murmullo incansable.
El ruido de los vecinos, de los familiares y los curiosos. Sollozos de la madre sin hijo, la que pensé que acabaría enterrada a su lado el mismo día y que no podía parar de llorar. Grititos de alguna plañidera espontánea que hizo su función particular ante mi familia y los tacones de los zapatos contra el suelo, rítmicos y seguiditos. Se dan pasos cortos en un velatorio, no hay prisa por acercarse a la muerte.
El duelo se alargó un día más de lo habitual por alguna razón burocrática que no retuve y tampoco retengo ahora. Y yo solo pasaba frío, no lloraba, no pensaba, dejaba que las condolencias me pasasen por encima, que siguiesen el paseillo alrededor de la atracción mayor que representaba para ellos un muerto de 42 años; alguien no jubilado, sin nietos, alguien que deja viuda de buen ver y huérfana desvalida.
Alguien que no ha tenido un accidente, lo que significa un feretro abierto; con cristal para poder experimentar de veras lo que es la muerte, lo que es el gris pergaminoso de un cadáver, de una piel cérea, y párpados sellados. Ese morbo que hace que los cuatro autobuses fletados para la ocasión se hagan pequeños; lo que provoca que alguno de la familia permita que se doblen dos rutas. Así nadie se quedará sin disfrutar del acontecimiento del mes, del día; de la historia trágica para contar a sus vecinas y poder santiguarse unas veinte veces mientras bendicen su suerte y la de su familia.
Y entre toda esa gente y miles de dedos que señalan a las más afectadas, a esas que algunos ofrecen valiums, tarjetas de visita y hasta hijos solteros; aparece una señora entrañable, lejanamente de la familia. Algo senil, con bastón y pelo recogido en un moño blanquecino. De luto riguroso, pues lleva así mas de 30 años, desde que se fue su marido que en la gloria esté, como dice ella. Y se te acerca, y mira como extrañada; te da el pésame, dice que lo siente y apartándote el pelo y cogiendo la mano de la viuda dice sin ningún tipo de duda, que tú encontrarás otro marido, que eres joven, y que la niña será fuerte, que ya se la ve muy crecida.
Durante un segundo te quedas mirando, y entonces despiertas, abres los ojos y el resto de sentidos. Te ríes. Entre las 200 personas compungidas que están allí dentro, a tí, la huérfana, te da por reír; casi a carcajadas, sin poder aguantar. Se te saltan las lágrimas, tu madre te da codazos y terminas por morderte el labio trantando de parar.
La tía Filomena, la que siempre nos confundía; nunca sabía quien era la madre y quien la hija. La que hizo que te rieses ante el cadáver de tu padre. No pasa nada, seguro que él también se reiría.

PD: juro que el publicar compulsivo se va a acabar….

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9 pensamientos en “Paradojas

  1. joder, srta desconocida. joder.
    vaya.
    no sé qué decir. yo había entrado para decirte que después de un rato (largo) he conseguido que el perro del otros post babease, y eso que me sabía lo de pavlov. y que lo tenía preparado para que mi hijo lo hiciese después de cenar. y que vaya sueños que tienes. el yo sincero, joder con el yo sincero…
    y ahora…
    creo que me alegro de haberte servido de conjuro.
    ya sabes que vas a mi delicious. espero que no se acabe el publicar compulsivo.
    eres la hostia.
    me coges una y otra vez con la guardia baja. voy a tener que entrar en este blog con peto y coquilla, como cuando hacía taekwondo.
    42 años. joder. la madre de mi mujer tenía 34.
    me he colado en un velatorio, una vez más, como cuando curraba en sucesos. pero esta vez no me he sentido un intruso. ni he sentido que traspasaba la línea entre la conmoción y el morbo. esta vez estaba contigo. estoy contigo.
    gracias.

  2. Por favor, conmigo y con la tía Filomena, que aún nos sigue confundiendo. Después a otra de la familia le dijo que la ropa del cadáver no acababa de combinar. Senil pero auténtica; por lo menos no es una plañidera. Con ella el desfile de pésames es menos nauseabundo e hipócrita.
    En todo caso no me he llevado la peor parte; al fin y al cabo un hijo está preparado para ver morir a un padre, una madre no para enterrar a su hijo. Eso si es duro.
    Con la guardia baja me pillas tú. Que mira que cosas me activas, ni que me hipnotizases.
    Repito, gracias y bicos
    PD: y el perro ese de los nobel es complicado de condicionar, las ratas de verdad estan mas predispuestas jajaja

  3. Y yo que hoy me estreno en los comentarios.

    Dios mío, vaya post, se nota que han pasado muchos años y la herida ha cicatrizado creando una protección lúcida. Yo el año pasado tuve un año pésimo. Se murieron dos personas muy queridas para mí. Una por esta época, de una enfermedad fulminante. Estos meses, en el fondo, he estado de triste aniversario tácito, sin decir nada. Ésto, junto a un cabronazo que se portó fatal, destruyo mi mundo por un tiempo, me hizo tocar fondo. En el proceso de recuperación, pasé por una colega tuya, por primera vez, pero lo dejé, me cansé. Soy tan analítica que le contaba exactamente lo que salía en mis test, que acabaron por aburrirme. Y así, a lo tonto, un día leí un artículo sobre blogs en Ciberpaís y probé.
    Salvo mi post de “Adios Modesto” no he podido escribir todavía mucho más sobre quien me trajo hasta aquí y menos sobre el momento del velatorio; me produce escalofríos. Y se muy bien el olor al que te refieres, carne de gallina tengo ya.

    Entre el de laluz y el tuyo hoy no duermo.

    Tu post es tan sincero, que te ha tocado que te suelte el folio, y te cuente mi vida; No serás psicóloga????

    Besotes

    PD: No, no se trata de una petición de terapia gratuita….

  4. No es cuestión de forzarlo, eso sale sólo, de esto hace casi 7años, todo se calma, y simplemente un día te pones a escribirlo. Además, por lo menos a mí son los posts que me salen mas redondos, más desde el estómago y tal cual, sin casi retocar, ni pensar lo que quieres decir.
    Puede que lo haga porque no me sale contarlo, o porque a quien se lo podría comentar seguro que le dolería hablar sobre ello.
    Lo que no mata, hace más fuerte, y eso; mas fuertes que estaremos ¿no?
    Y por supuesto, todo son tácticas viles y rastreras de comecocos jejejeje
    bicos

  5. uff! acongojado me has dejado.
    Ahora que, vaya tela, lo de la tía Filomena. Y la otra con lo de la ropa.
    Aunque ahora que me acuerdo, cuando murió el mio, después de cuatro meses de agonía, salimos mis hermanas y yo a la puerta a respirar un poco el aire y no sé por qué razón nos reímos de algo (seguro que fui yo) y en ese momento llegaron unos vecinos de mis padres y nos vieron. Todavía tengo grabada la cara de asombro y de desaprobación que les vi.
    Supongo que fue una risa liberadora. Porque contentos no estábamos. Yo recuerdo que quería acabar lo antes posible y largarme a casa. Días después, una noche ya en la cama, me puse a llorar todo lo que no pude o supe aquel día.
    Los funerales siempre los he encontrado un poco cirquenses.
    un abrazo.

  6. Si, circos de tres pistas, y a mí los malabarismos se me dan mal…
    La tía filomena fue la de la ropa, la única que hacía los comentarios que de verdad estaba pensando; además era cierto, el pantalón verde no pegaba con la camisa azul…
    bicos

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