Fuerte Marejada

Mi cabeza zarpa con los primeros rayos de sol; parte sin rumbo fijo. Hacía tiempo, años, que se mantenía amarrada a puerto y fija en su posición. Se ha cansado del dique seco, de la mala vida que le doy y los textos hipersubrayados en fluorescentes colores.
Me despierto y al segundo me encuentro en alta mar; sintiendo el vaivén de las olas, llevándome y trayéndome arriba y abajo, embargada por el salitre y la humedad.
En mi infancia me excitaba esa falta de control; me recordaba los carruseles, los bailes sin fin, las vueltas en un sillón de oficina y otros juegos que terminaban en el suelo, con una habitación girando a mi alrededor y mariposas revoloteando entre mis costillas.
Ya no me divierten los escarceos de bucanero de agua dulce, ni tampoco surcar los océanos en busca de aventura. Ahora soy consciente de que todo es un fallo fisiológico, un desequilibrio en el oído interno; una aceleración y posterior vértigo.
No es que tenga poderes especiales y me desequilibre al sentir la rotación y traslación terrestre, no es que en otra vida fuese el capitan Cook, ni que mi alma gemela se encuentre en un velero de bandera australiana. Es una vértebra atravesada, un músculo tirante y un corte en el suministro de corriente al cerebro. Una oscilación en mi consciencia, como un comatoso que abre los ojos por un momento o el borracho que pierde el hilo de la conversación general.

Me siento en la cama.
Si trato de moverme todo baila por duplicado, triplicado y elevado al cubo. Si me quedo inmóvil y protegida por el telón de los párpados tampoco se asientan los gusanos trepadores del estómago.
El ambiente se inunda de un aroma a aspirina infantil; valiente truco de mi pituitaria, quizás para tranquilizarme o como reminiscencia de episodios pasados en que los “caramelitos rosas” me acompañaron.
Con movimientos de funambulista, o de acróbata de circo, salto de la cama en dirección a la cómoda. Vista fija; zoom apurado al límite, concentrada en las pupilas reflejadas en el espejo. Me abrazo al salvavidas: myolastan, tetrazepam 50mg, benzodiacepina con riesgo de dependencia, sedante-hipnótico de efecto ansiolítico… la simple ancla en forma de cápsula recubierta que hará que termine esta travesía, el capitán que me llevará a puerto.

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9 pensamientos en “Fuerte Marejada

  1. si, claro, las benzo son muuucho mas inofensivas que la marihuana…ya…seguro…por eso las cajas sólo traen 20 y casi ningún médico te las recetará una segunda vez.
    sí, mientras sean legales…

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