Nunca Jamás

Fue en su casa, en el mes de diciembre; puede que por estas fechas. Si hubiese sido una chica lista habría intuído lo que iba a pasar. Estaba claro. Lo repaso ahora y no sé como pude creer lo contrario. Todas las señales me avisaban, era cuestión de tiempo, algo inevitable, el paso siguiente en aquella espiral descendente y decandente de postadolescente sabelotodo, que por suerte sólo duró un cuatrimestre.
Con el buen ojo que me caracteriza para los hombres, R era de lo peor que pude encontrar en mi primer año de carrera. Con 25 años, archimatriculado en el primer y puede que segundo curso de farmacia, de padres que lo cubrían de billetes y regalos, y una pose vital perpetua de tío duro y desencantado, que me hacía suspirar. Yo, pretendida mujer de 18, en primera y desfogada independencia, acabé engatusada por él, de un modo tan simple como lo es hipnotizar a una gallina.
Me encantaba mi papel, y me autoengañaba pensando que teníamos una relación profundísima y espiritual que trascendía lo físico y mundano; era algo cósmico. En la práctica, y siendo objetivos, rozó mis bragas el mismo día en que me besó por primera vez; eso sí, cantándome al oído “y si amanece por fin” de Sabina (escuchándola ahora no sé de que me quejo…), lo que hacía la estampa más romántica.
Recuerdo muchas cosas de aquella habitación y esa tarde concreta. Con la excusa de tomarnos unas copas en su casa (era un lunes), pasamos la tarde entera metidos allí. Ya lo habíamos hecho otras veces, resultaba más barato que ir de bares y también mucho más acogedor. A veces me asombro de lo estúpida que llegué a ser.
Considerablemente mareada (o borracha, según las diferentes versiones), acabé tirada en su cama unos cuatro o cinco vodka-naranja después. Mientras me desabrochaba uno a uno, los siete botones de mi gris chaqueta de punto, me explicaba, tranquilizándome; que quería enseñarme algo. No debía tener miedo, y acallaba cada protesta mía con besos por toda la cara, extendiéndose poco a poco al cuello, los hombros y el pecho. Al cabo de unos minutos poca resistencia quedaba en mí, completamente ahogada en deseo.
Para mi sorpresa, en ese momento me incorporó. Tan embotada como estaba, no fui consciente hasta entonces de la presencia de sus amigos, observando la situación y mirando parte de mi sujetador al descubierto, con expresiones que prefiero olvidar.
Mi instinto púdico hizo que me recolocase la camiseta, el pelo y hasta la chaqueta. Creo que fueron ese rubor y vergüenza súbitos los que me despejaron lo suficiente para poder tomar conciencia de todo lo que allí pasaba y pasó a continuación. R me colocó en la palma de la mano algo; que dijo, era un regalo para mí, su niñita preciosa. Miré a R y mi regalo alternativamente, con las cejas alzadas y sorprendidas. Sí quería regalarme una especie de aspirinas caseras por aquello de ser futuro boticario, yo no comprendía cual era la gracia.
Viendo mi confusión, apoyó su barbilla en mi hombro, y susurrándome al oído, explicó que era polvo de ángel; y que, como el que usaba Peter Pan, me haría volar. Él, que tanto me quería, deseaba que lo hiciésemos juntos esa noche. Mientras decía esto, sus amigos tomaban aquellas bolitas blancas y las engullían, dejándose caer en la alfombra, la cama, o las sillas del cuarto, al tiempo que cerraban los ojos esperando unos segundos antes de alzar vuelo.
Era el mayor regalo que nunca me habían hecho; podría visitar Nunca Jamás y volver a tiempo para mi clase de estadística de las 9 de la mañana. Me besó dulcemente, como no acostumbraba a hacerlo; deteniéndose en los detalles, en el tacto de mis labios; en disfrutar el momento, sin ningún tipo de urgencia ni presión por continuar avanzando a través de mi cuerpo. Se separó un palmo, y puso la bola blanquecina en su lengua. Se aproximó para besarme hasta convertirnos en cíclopes(como diría Cortázar).
Me aparté. Aunque aturdida, me despedí de los “niños perdidos” y me fuí para siempre. Decidí crecer.


Escucho la canción y me alegro de haber crecido, de no quedarme en Neverland…
* Ilustraciones de Robert Ingpen.

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31 pensamientos en “Nunca Jamás

  1. Sí, esa es la palabra.
    Siempre fui buena, antes y después; pero tuve un cuatrimestre de 2000 en que me divertí jugando al borde del precipicio. Demasiado sensata, por suerte…

  2. sansar- 24?? sí, son mis años…por algo más lo dices?? mira que el tictac me resuena jajajaja
    laluzenmi- bueno, hombre, no se trata de tumbar a nadie, aunque el olor de la lona siempre me ha parecido atrayente (problemas con el universo olfativo). Levanta, que espero seguir escribiendo, y leyendo cosas tuyas, que aunque no estoy ko, puede que por puntos (tengo que repasar tu archivo)…

  3. bueno, con los datos que aportas en el post y el último comentario, hice una operación trigonométrica de segundo grado neperiano y llegué al títolo de la serie esa del Kiefer Sutherland.
    Por nada más 😉
    Y no te quejes tanto que te llevo 15 de ventaja, jajaja.

  4. ahh!! ya sé, te acordaste del bueno de Kieffer por aquello de que su querida ex que lo abandonó en el altar (Julia Roberts) hizo de campanilla en aquella peliculita de Spielberg (hook). Menos mal que soy de mente ágil y te sigo perfectamente.
    Mi vida no se parece a una temporada de 24, por suerte; cuando jugaba al Cluedo nunca acertaba a pillar al asesino, ni el arma, ni la habitación. Y al paciente de Operación lo mataba siempre al quitarle el fémur…

  5. justo! (tu suposición) y de lo segundo… el post desvela que, al menos una vez, pillaste al asesino, el arma y… la habitación, querida miss sherlunknown.

  6. Me ha parecido escalofriante y grotesco a la par que tierno y espiritual…
    Pero qué hijo de puta el tal R!
    Yo una vez me disfracé (demasiado adulta para mi gusto) de wendy, con camisón rosa y todo, y hacía coros en playback para una función absurda del colegio. No se lo recomiendo a nadie.
    😛

  7. sí, un hijo de puta, pero de lo más encantador… me lo encontré muchas veces después de aquello, la última en un garito infame, a horas imposibles (aunque bueno, yo también estaba allí, jejeje)
    Cinco años después seguía matriculado de las mismas asignaturas. Tengo grabada en mi mente la imagen de sus ojos, de esa mirada perdida…

  8. Ya que interrumpes mi tranquila lectura del tema “hipótesis psicobiológicas de los trastornos psicóticos” (gracias por comentar a estas horas para que pueda descansar) te diré una frase simple y llana: relee el texto.
    Además adjunto informe anexo: más de tres copas de cualquier alcohol de alta graduación me marean, el humo del tabaco me hace llorar a lágrima viva, y la primera y única vez que probé la marihuana me quedé dormida a los pocos minutos.
    Del resto de drogas y psicotropos no sé nada, excepto lo que me contaron los usuarios de proyecto hombre en mi época como voluntaria y lo que leo en los libros de psiquiatría y farmacología…
    Gracias por interesarte, pero…¿¿por qué clase de estúpida inconsciente me tomas?? (con mis respetos para los consumidores de cualquier tipo de sustancia, claro)

  9. Uyy que dura contestación me ha quedado, no soy yo, son las “teorías dopaminérgicas” que me poseen y estresan…
    muchos muchos bicos, ¡¡¡qué vena protectora-preocupada le sale cuando quiere!!! y luego me vendrá con tontadas diciendo que no hay para tanto y seguía inmutable imaginando como yo conocía a Jimmy Hendrix en viaje lisérgico alucinado…

    😉

  10. Pues realmente no cantaba, en todo caso hacía como cantaba, pero tampoco demasiado. Yo tenía que hacer bulto con otro chico disfrazado de Peter Pan de pareja y un puñado de personajes de cuento. Peter Par se tiró toda la función diciéndome que iba a echarme un polvo mágico.
    En fin…

  11. maría- es que las funciones del colegio tenían tela. Yo siempre me escaqueaba, yo hacía de narradora o presentadora!! jejeje
    sinpa- sí..que ejemplo para las pobres niñas pequeñas e impresionables como yo… que estaba en mi casita estudiando como buena hormiguita…
    ¡¡Qué envidia me das, desgraciado!! yo que ahora ya me enciendo con una clara de limón (qué triste, qué triste)

  12. “…hay un leyenda que cuenta que la noche del 17 de febrero de 1920, un policía sacó a una joven de 20 años de un canal en Berlín. Como rehusaba revelar su identidad o responder a las preguntas acerca de la causa de su intento de suicidio, fue internada en un hospital psiquiátrico registrada como Fraülein Unbekannt (Señorita desconocida). Diagnosticándole una enfermedad mental de carácter depresivo, la joven finalmente confesó a una enfermera que ella era en realidad la princesa Anastasia, la menor de las cuatro hijas del zar Nicolás II y su esposa la zarina Alejandra…”
    lo he encontrado escondido en una noticia de El País y me ha hecho gracia.

  13. ni idea. Como historia me ha gustado y como eres psicóloga se me ocurrió que igual te habías inspirado en él para el seudónimo. ¿En qué te inspiraste, pues? si es que se puede saber, claro 🙂

  14. Lo mío venía porque por esas fechas el año pasado estaba leyendo “Carta de una desconocida” de Stefan Zweig, de la que luego Ophuls hizó una fantástica adaptación con Joan Fontaine como protagonista.
    Esa “desconocida” escribe una carta al hombre más importante de su vida, aunque él ni siquiera sabe su nombre y no la recuerda en absoluto:
    “Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta…”

    PD: Un blog es un poco eso, escribir sin que conozcan tu nombre o tu rostro, y contar a los demás (los que te leen) cosas que te importan, que tienes que decir aunque no sepas a quien van dirigidas o no esperes respuesta…
    Recomiendo tanto el libro, que no llega a 80pag como la pelicula de Ophuls, “of course”

  15. Esta historia tuya me ha empujado a contar algo horrible que me pasó una vez y que núnca me había decidido a publicar.
    Tengo la película, la empezé a ver y como siempre me pasa me dormí, pero parecía muy interesante porque jústamente ví lo que has contado. La busco a veces para terminarla de ver y no la encuentro (tengo muchos DVD sin títulos), pero me han entrado ganas de terminarla. Besos

  16. Pues bienvenidos sean los fantasmas y monstruos salidos de los armarios y oscuridades bajo la cama… que salgan a la luz, si es que se atreven, si es que tienen agallas…
    bicos
    PD: recupérala, Ophuls bien lo merece

  17. Excelente relato Srta D., bien por tí, las tentaciones siempre estan cerca, al acecho, pero hay que saber controlarse.

    Aunque el relato hubiese sido más interesante si aceptabas!!(es broma).

    Saludos.

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