No en mi nombre (no sirvo como excusa)


Nos reescriben la historia, nos leen cuentos para no dormir; explican lo que fue el miedo, los escalofríos en la cama, o el terror ante los pistoleros sin alma. Hablan sin pudor de las mañanas heladas, de los tiros por la espalda, de las entrañas desperdigadas. Rememoran en máxima audiencia lo que suponían las amenazas veladas, las miradas furtivas, los cuchicheos; estar en el punto de mira y ser una presa asustada.

Han decidido colgarse todas las medallas, ser abanderados de la causa, salvapatrias, besaniños y vengadores justicieros. Al mismo tiempo amnésicos, desmemoriados e incluso desordenados; sollozan, se apropian de la memoria culpabilizando al que perdona, al idiota que pretenda poner la otra mejilla. Ridiculizan a quien cree en el diálogo, a los que alimentan palomas, hablan de paz y sueñan con un juego en que no todos pierdan.

Arrojan vísceras contra las cámaras y en artículos a toda página. Abren su pecho y muestran las heridas; buscan compasión encarnándose como mártires absolutos que ablanden espectadores y remuevan conciencias. Esa misma conciencia que ellos han perdido; la que dejaron en el cajón junto a la decencia, el respeto y el deseo de remedios contra las pesadillas.

Se han vuelto carroñeros ávidos de lágrimas; de todo aquello que les sirva como piedra para lanzar. Piden sangre, quieren fuego, llamadas a filas y guerra sin cuartel. Ha comenzado su propia batalla; te gritan al oído, te querrán reclutar. La neutralidad es imposible. Debes posicionarte, encontrar tu lugar, definir un estilo al caminar. Tienes que decidir que eres, como te comportarás. Elige de una vez. Escoge. Entre hombres o mujeres, el blanco o el negro, la izquierda o la derecha, conmigo o contra mí, los buenos o los malos, los asesinos o los muertos…
No hay un punto de equilibrio, no encontrarás forma de contentarlos. Danza al son que marquen, vístete con sus pieles, pinta tu cara con la misma sangre, únete a la caballería. Conviértete en un mesías salvador.

Serás parte del rebaño, pez de arrecife, un ser de la colonia, miembro del grupo de elegidos. Trabajarás para conseguir que no venzan, que los muertos no sean olvidados, que su camino no esté allanado. Voz de los que ya no hablan, inundarás todo de cruces, cadáveres y huérfanos. Todo por el bien mayor, el objetivo marcado por los visionarios, gurús y oráculos en posesión de la autoridad moral.
Y no tendrás necesidad de pararte a pensar cual es el bien final, cual esa meta suprema universal, horizonte inalcanzable que se difumina y aleja a cada paso que das. Mejor no preguntarse si existe, o si todo acabará tras la campaña electoral.

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En fin, quizás sea mejor no ver tv, así no se revolverían los lodos del fondo de mi mente.

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10 pensamientos en “No en mi nombre (no sirvo como excusa)

  1. Juegan al chantaje emocional, pero la victimización no suele funcionar. Conmigo que no cuenten…
    PD: ¿¿voy a tener que mandarte una cesta de navidad completa por tanto halago?? jejeje

  2. Yo solo sé que el odio engendra odio, pues yo digo que tanto cristiano q va a los funerales tendria q aprender de su maestro dios y perdonar y dialogar, que en las batallas solo hay muertos….
    Algún dia lo de las Naciones Unidas tendrá algún sifnificado?? Espero que si, pues el planeta es pequeño y cada vez somos mas.
    Articulos como el tuyo podrian salir en el periodico. Podrias mandarlo aunque fueran a cartas del lector no???

  3. En su momento aquel post me heló la sangre. Incluso pensé que era ficción. Lo he releído. Miedo real y tangible… Hablas con conocimiento de causa. Lamentablemente parece que ellos hacen más ruido. Siempre lo hacen. Es su idioma.
    En fin, me uno a los halagos de sansar. Y yo también quiero cesta.

  4. knives- puedo entender que el dolor ciegue a algunos, pero es de suponer que la clase política debería tener más sangre fría…y gracias (me sigo sonrojando)
    sinpa- si, conocimiento en primera o segunda persona, lo que hace simplemente que tenga una opinión menos distante del asunto, no más autorizada, ni más fuerte, ni siquiera más importante. Eso se les olvida a muchas autodenominadas “víctimas”, el dolor no les da derecho a imponer su criterio. Supongo que es fácil deslizarse al otro lado, convertirse en lo que son los asesinos fanáticos que tanto odian (odiamos)
    Lo de la cesta, ¿y si os la repartís?

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